Sito y Érika

SITO Y ÉRIKA, CAPÍTULO 2

ME HABÍA METIDO EN MUCHOS MARRONES A LO LARGO

de mi vida, pero el último no tenía parangón. Le acababa de decir a Érika que pensaba ir al bautizo de nuestros ahijados acompañado. Yo pensaba que ella me prohibiría que hiciera tal cosa, que pondría la excusa de que faltaban apenas tres días para el acontecimiento y que no eran horas de invitar a nadie. Esperaba que pusiera pegas, vamos, y no solo no lo había hecho, sino que, además, me había alentado a que llamara a mi cuñada Marina y se lo comentara.

Y yo, que cuando quiero soy más testarudo que los cabezudos de Muro, que hay dos y por cojones uno quiere estar en el medio, ni corto ni perezoso voy y la llamo. Sí, a Marina, y le pido permiso para ir con una chica al bautizo. Por supuesto, estuvo encantada y me dijo que esperaba con ansias conocer a mi novia.

Novia. Ese era el problema, no la tenía. Todo el paripé no había sido más que un farol, y Érika y Marina no solo se lo habían tragado enterito, sino que también me suponía un problema de tres pares de cojones.

Claro que tenía ligues, pero no solía volver a quedar con ninguna de las chicas con las que pasaba una noche; mi corazón pertenecía por completo a Érika. Solo que ya me había declarado en tantas ocasiones que me parecía que ya era hora de que fuera ella quien diera el paso para que estuviéramos juntos de una maldita vez.

Ni siquiera miré la agenda del teléfono móvil, no creía que ninguna de mis últimas citas estuviera dispuesta a acompañarme a un bautizo. Si se tratara de una boda, quizás, porque a todo el mundo le gusta la barra libre y desmelenarse en una fiesta, pero un bautizo…

Llevaba un día entero dándole vueltas al asunto y no sabía qué hacer. Iba a quedar como un capullo si, después de dar la lata con lo de la acompañante, me presentaba solo a la fiesta.

Decidí llamar a Javi, uno de los mejores amigos que tenía en aquellos momentos.

—Vaya follón te has buscado, tío. Esto va a ser peor que cuando nos pillaron dormidos en aquella guardia. No sé cómo vas a salir de esta.

—Gracias por animarme, compañero. Con amigos como tú…

—¿Qué quieres que te diga? Tú solito te metes en líos. Pasa ya de esa tía, no está por ti.

—Eso no lo puedes saber, ni siquiera la conoces.

—Pues invítame a mí de acompañante y así me la presentas. Te diré si vale la pena o no.

—Paso.

—¿Por qué no contratas a una escort?

—¿Una escort? Vaya gilipollez de idea, eso solo se te puede ocurrir a ti.

—Muy subidito te veo, tío. Tienes plan mejor, ¿a ver?

            Me lo pensé durante unos instantes. Lo de contratar a alguien no era tan mala idea, aunque quizás una escort no era lo que necesitaba.

—Ya veré qué hago, aunque no me veo llegando del brazo de una prostituta al bautizo de mis ahijados.

—Una escort es una acompañante, chaval, no tienes por qué follar con ella.

—Bueno, vale, pero no lo veo, tío.

—Mira, Sito, tengo trabajo. Yo solo estaba intentando ayudarte. Haz lo que te salga de la polla. Pero, después, no vengas a llorarme porque Érika pasa de tu cara.

Javi colgó el teléfono y no me dejó ni despedirme. No podía parar de resoplar y pasarme la mano por el pelo. Veía que la idea de Javi no era buena, en ningún sentido, pero no tenía alternativa. Mi amigo era más basto que un arado, pero tenía razón, el único remedio para no ir solo a la fiesta era contratar a alguien.

—A ver, que yo me entere —me estaba diciendo la actriz que había contactado tras consultar miles de páginas web—. ¿Quieres que interprete el papel de tu chica en un bautizo?

—Sí, eso mismo.

—¿Por qué no contratas una escort?

No me podía creer que estuviese teniendo esa misma conversación con dos personas diferentes y en menos de veinticuatro horas.

—Porque tú eres la más adecuada para hacer ese papel. Y porque no quiero acostarme con nadie, solo dar celos a alguien.

—Te va a salir por un pico, además, no pienso quedarme a dormir en tu casa, si quieres sexo, contrata a otra. Yo no hago desnudos.

—Tienes que quedarte al menos una noche en mi casa y otra en casa de mis padres. ¿Cómo crees que la gente se tomaría eso de que no dormimos juntos? Y pensaba que había quedado claro que descartábamos lo del sexo.

—Yo solo quería asegurarme de que lo tenías diáfano.

—Sí, sí, eso lo tengo completamente asumido. Entonces, ¿qué? Aceptas el trabajo o no.

—En principio, sí.

—¿Cómo que en principio? Faltan solo dos días, no pensarás dejarme tirado a última hora, ¿no?

—No, no es eso, solo que si me sale algún bolo o algo…

—Si te fuera a salir una actuación, ¿no lo sabrías ya?

—Bueno… Sí, pero…

—Nada, te hago el ingreso ahora mismo y así ya no hay vuelta atrás, ¿te parece?

—Hombre, si tan bien me lo pones.

—Pues no se hable más, en cuanto cuelgue, te traspaso la pasta. Venga, nos vemos el viernes.

—¡Espera, no cuelgues!

—Dime.

—En cuanto al vestuario…

—No querrás que me haga cargo de eso también. Seguro que tienes algún vestido que puedas ponerte. ¡Hala! Tengo que dejarte. Chao.

Colgué el teléfono arrepintiéndome en el alma de haberme metido en tal berenjenal. Con lo fácil que hubiera sido confesar, pero no, yo no podía dejarlo correr. ¿No había dicho que iría a la ceremonia con acompañante? Pues lo haría y punto.

El viernes, Jana, así se llamaba la actriz, vino a casa. Me pareció una chica muy correcta, no se parecía para nada a la quejumbrosa creadora de pegas con la que había hablado hacía apenas dos días.

—Vaya, tienes un piso muy chulo, ¿no?

—No puedo quejarme, aunque lo que me gustaría sería vivir en Betlem como mi hermano. Todo se andará.

—¿Betlem?

—Sí, es una urbanización al lado de la Colonia de Sant Pere, ¿no has estado nunca? Verás qué bonito es.

—¿En qué trabajas? Eres un joven empresario o algo así. ¿Por qué te ríes? No creo haber dicho nada tan gracioso.

—Soy enfermero. He estado tres años en el ejército. Misiones de paz. Pensaba prepararme el EIR para ser matrón, como mi hermano, pero los partos no son lo mío. A mí me van las urgencias, las descargas de adrenalina, así que, de momento, soy interino en el 061.

Jana asintió con aprobación, pero inmediatamente su cara se tiñó de recelo.

—Solo tienes una habitación, te dije que no pensaba compartir…

—No te preocupes, yo dormiré en el sofá; en peores plazas he toreado. Tú te quedarás en la cama. Ven, que te la enseño.

Después de que dejara sus cosas, cenamos un poco y, antes de ir a dormir, le expliqué los planes para el día siguiente.

—Iré a buscar a Érika al aeropuerto sobre las nueve de la mañana, el bautizo es a las doce, así que supongo que la llevaré a desayunar. Después, te recogeremos para salir hacia la Colonia de Sant Pere, ¿vale?

—¿Cómo le explicarás que no vaya contigo a buscarla?

—Le diré que estás acabando de arreglarte. De todas formas, te he dejado un guion sobre la mesilla de noche. En él te explico cómo se supone que nos conocimos, el tiempo que hace que estamos juntos y esas cosas. Échale un vistazo y, sobre todo, memoriza las fechas.

—¡Que sí, pesado! Soy actriz, ¿recuerdas? No te preocupes por eso que yo me apaño.

Pasé toda la noche dando vueltas en el sofá. No podía dejar de pensar que vería a Érika al cabo de pocas horas. Tenía unas ganas tremendas de estrecharla entre mis brazos y decirle cuánto la quería, a lo que ella me respondería con un seco: «Ídem», como hacía siempre (cuando vimos Ghost quedó tan tocada que había adoptado la expresión de inmediato). Lo único malo en esa ecuación era que yo le hablaba de amor de pareja, como había hecho millones de veces a lo largo de nuestras vidas, y ella respondía como lo que era: mi mejor amiga.

Me tuve que levantar varias veces a beber y la luz de la habitación seguía encendida, pero no quise molestar a Jana, pensando que quizás se había quedado dormida sin apagarla.

A las nueve menos cuarto ya estaba en la zona de llegadas del aeropuerto, tan nervioso que mis piernas no paraban, ahora daba saltitos sin darme cuenta, ahora daba patadas… Al fin, las pantallas anunciaron la llegada del vuelo procedente de Dublín y mi corazón emigró desde el pecho a la garganta. Inspiré hondo en varias ocasiones, intenté repetirme un mantra que había aprendido cuando estaba en mi primera misión de paz en los países bálticos, pero igualmente seguía al borde del infarto.

Conté todos y cada uno de los mil doscientos latidos de mi corazón hasta que Érika atravesó las puertas correderas que daban acceso a la zona de recogida de maletas. Desde que entramos en la adolescencia, mi chica había llevado el pelo de mil y un colores, desde el rojo más intenso al azul, reflejo de sus ojos. En esos momentos, su media melena lucía natural, sin tintes, con ese marrón chocolate que yo atesoraba tan bien en mi memoria. Estaba guapísima, quizás un poco más delgada que la última vez que nos vimos, pero por descontado que la vi más hermosa que nunca.

Le sonreí y levanté una mano para que pudiera localizarme con facilidad. Tardó solo unos instantes en recorrer la estancia con los ojos. Sabía que yo normalmente llegaba tarde, así que tenía el ceño fruncido. En cuanto me vio, sus cejas se relajaron y se le iluminó la cara al mismo tiempo que mi pecho se llenaba de un calor conocido, añorado, arrasador.

Corrí a su encuentro al mismo tiempo que ella se acercaba veloz a mí. Nos fundimos en el abrazo que tanto necesitaba. Inhalé el perfume de su pelo, ese aroma que me volvía loco perdido, mi chica, al fin, estaba conmigo.

La besé en la coronilla varias veces.

—¡Cuánto te he echado de menos, Eri!

—Yo más.

—Vale, tú más.

Se separó de mí y me miró con ojos críticos.

—Llevas el pelo casi tan largo como yo.

—¿De qué estás hablando? Si ni siquiera me llega a las orejas. ¿No te gusta?

—No sé si te pega, después de tanto tiempo viéndote rapado, tengo que mirarte un poco más para poder decidirlo.

—Casi había olvidado cuánto te quiero —dije, entregándole mi corazón por millonésima vez.

—Ídem. —Fue su escueta respuesta. Nada que no esperase, pero no por eso dolió menos.

Me separé de Érika y le tendí la mano.

—Ven, vamos a desayunar. Estoy famélico.

—¿Tienes que cambiarte de ropa o después de desayunar salimos inmediatamente hacia Betlem?

—¿Qué tiene de malo mi traje? —Miré hacia abajo para ver si le encontraba algún fallo a mi atuendo.

—Nada, solo que yo parezco una indigente a tu lado.

—Pero, ¿qué me estás contando? Estás espectacular, como siempre.

Llevaba un pantalón negro muy elegante que parecía hecho a medida para sus larguísimas piernas y una blusa blanca, cuello redondo y con unos pequeños volantes; nada del otro mundo, pero sobre ella lucía como si se tratara de alta costura.

Me miró entrecerrando los ojos.

—No sé qué opinará tu novia de que me tires tantos piropos. ¿Dónde está, por cierto?

—Tenía que acabar de arreglarse, le he dicho que la recogeríamos antes de irnos hacia la Colonia. Está en mi piso.

—Qué desconsiderado por tu parte. Dejarla sola para venir a buscarme a mí. Yo hubiese podido pillar un taxi.

Me encogí de hombros dispuesto a soltarle el rollo que tenía preparado, pero Érika siguió hablando y no me dejó.

—¿Sabes qué? Vamos a tu casa y así la conozco y, de paso, me maquillo, que no me ha dado tiempo de hacerlo antes de subirme al avión.

Joder, Érika se estaba saliendo del guion, tampoco es que la pobre supiera que tenía uno, pero no me gustaba que desbaratara mis planes.

—Nadie lo diría, estás guapísima. Ya conocerás a Jana más tarde, vamos a desayunar. —Cogí la mochila que había soltado en el suelo y que, por cierto, no pesaba nada.

—Creía que habrías cambiado el vuelo y te quedarías hasta el lunes.

—¿Lo dices porque la mochila pesa poco? Al final, me voy mañana por la mañana. No he traído casi nada.

—Me he dado cuenta. —Érika notó mi cambio de humor de inmediato.

—Te dije que tenía mucho trabajo y que no podía perder tantos días. Tu hermano y Marina lo han comprendido, ¿por qué tú no?

—Ni Álex ni Marina te tienen la confianza que yo te tengo, por eso no te habrán dicho lo que en realidad piensan de tu visita relámpago. Te pasas un huevo, ni siquiera conoces a los niños y eres su madrina. Hoy no podrás disfrutar de ellos porque todo el mundo querrá tenerlos en brazos y ¿me estás diciendo que no te quedas hasta mañana por la noche? No te reconozco, Eri, la verdad.

—Ninguno de los dos somos los mismos de hace tres años, supongo. La gente madura, la edad nos hace adquirir nuevas prioridades.

—¿Me estás diciendo que nosotros, tu familia, tus amigos, ya no somos tu prioridad?

—Yo no he dicho eso. —La noté agobiada, no la había visto así jamás. Era muy segura de sí misma y siempre actuaba como si la razón estuviese de su parte, pero en esos momentos la noté apagada, dubitativa.

—No te preocupes, tendrás tus razones para hacer las cosas de la manera que las haces —dije, intentando volver a restablecer la paz entre nosotros.

Érika sonrió sin muchas ganas. Empezamos a caminar hacia el aparcamiento para recoger el coche, al cabo de pocos segundos empezó a hablar.

—En el trabajo tengo bastantes problemas, una de las plazas de subdirector adjunto ha quedado vacante y en mi departamento somos muchos los que aspiramos a ella. No todos los que creía que eran amigos míos han resultado serlo como tampoco lo he sido yo para ellos últimamente.

—Vamos, que quien más quien menos se defiende a codazos.

—Podríamos decirlo así.

Le pasé el brazo por encima de los hombros y el contacto con la piel desnuda de su brazo hizo que me estremeciera.

—Olvídate de eso ahora, ¿de acuerdo? Vamos a disfrutar del día y mañana ya veremos qué pasa. No quería meterte más presión de la que ya tienes, pero es que, en serio, te añoro mucho. Pensaba poder pasar un poco más de tiempo contigo.

—Yo que creía que te preocupaba que no tuviese tiempo de conocer a los niños —dijo con una sonrisa deslumbrante en los labios.

—Eres idiota, lo sabes, ¿no?

Nos metimos en el coche y salimos del garaje del aeropuerto. Cuando en la autovía se dio cuenta de que enfilaba hacia el Portixol me volvió a preguntar:

—¿No íbamos a tu casa? Jana se va a preocupar.

—Le he dicho que iríamos después de desayunar —le repetí como si fuera una niña pequeña.

—Calla, calla. Desayunaremos en tu casa que me muero por conocer a la mujer que ha conquistado tu corazoncito. Pensé que este día nunca llegaría. Venga, tira para el piso y vete contándome cómo es la elegida.

Cuando llegamos a mi casa todas las luces estaban apagadas y no se oía ningún movimiento.

—¿Jana? Jana, cariño. —Alcé un poco la voz por si no me había oído a la primera, pero no obtuve respuesta—. Vete a preparar el café, voy a ver si todavía está en la ducha.

—Ve, ve, pero no te metas con ella que se nos va a hacer muy tarde.

Resoplé por lo bajo, de lo que menos tenía ganas en esos momentos era de hacer nada con nadie que no fuera Érika. «Si tú supieras», pensé.

Toqué con los nudillos a la puerta de la habitación y entré sintiéndome observado por Érika que no perdía de vista ni uno de mis movimientos.

La luz estaba apagada y Jana estaba dormida como un tronco, ocupando toda la cama.

—Despierta, Jana. Te dije que te recogeríamos a las diez y media, son las diez menos diez. ¿Todavía no has empezado a arreglarte?

La chica levantó una esquina de su antifaz.

—Todo controlado, no te preocupes —dijo con voz somnolienta.

¿Que no me preocupara?

—Nos esperan a las once y media en la Colonia para hacernos fotos antes de ir a la iglesia. Date prisa, por lo que más quieras.

Se sacudió las sábanas con mucha pereza y se puso en pie. Agitó una mano en mi dirección.

—Va, sal, que tengo que vestirme.

La obedecí y volví con Érika. Había descolgado el espejo de la entrada y lo había colocado al lado de la ventana, se estaba maquillando.

—He pensado que, si el baño estaba ocupado, mejor iba empezando con lo mío. No nos sobra el tiempo. ¿Cómo habías calculado que podíamos ir a desayunar?

—¡Yo qué sé!

«Fueron las ganas de estar contigo a solas las que calcularon el tiempo por mí», dije para mis adentros.

A las diez y media en punto, Jana salió de mi habitación, maquillada, con un moño suelto y con un vestido sencillo pero muy bonito que le sentaba de fábula. No pude evitar un gesto de admiración hacia ella, totalmente sincero, pero lo mejor fue que Érika se diera cuenta de ello.

La miró, después se volvió hacia mí y, por último, volvió a mirar a Jana.

—Hola, soy Érika, la madrina. —Tendió la mano mientras se acercaba a mi supuesta novia.

—Y yo soy Jana, la novia —contestó la actriz con una voz de pito que no tenía cinco minutos antes. Me llevé la mano a la frente aprovechando que Érika estaba de espaldas y me entraron ganas de mandarlo todo a la mierda. Ojalá lo hubiera hecho.

¡¡Chicas!! Veo pocas propuestas de títulos por aquí, ¿Qué pasa? ¿La idea del sorteo no os llama?

En serio, necesito ayuda, lo del título es lo que peor se me da.

Por cierto, ¿Qué os parece el tema? No lo va a pasar mal ni nada el pobre Sito🤭🤭

Dejadme un comentario y así sabré si la historia va por buen camino o no😘😘

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Maria Ferrer Payeras, escritora
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8 Comentarios
  • Carmen
    Publicado a las 13:28h, 16 abril Responder

    Ainss!! Madre mía, para matarlo! En vez de aprovechar el tiempo con Erika lo jode alquilando una chica que encima saldrá en fotos familiares???? Me da algo además de pena que dejen pasar el tiempo y no declararse!!!!! Encima Érika se va pronto y seguro dolida. Joooo. Imagino que la vas a liar aún más parda no?? Y pensar que solo es el principio me rompe el corazón verlos tan perdidos. Ufff me puse dramática hejejjje. Deseando saber más de este par. Mil besotes. Creo que puse ya algún título en el capítulo anterior. Pero digo otro: el hilo infinito que nos une!

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:28h, 16 abril Responder

      Es que a veces piensan con el culo…
      Ya veremos cómo les va la cosa la semana que viene.
      Un abrazo y muchas gracias por comentar

  • Kata
    Publicado a las 14:37h, 16 abril Responder

    Que la historia va muy bien … y ya creo que por cabezotas lo pasara mal … pero Eri no lo pasara mejor pq tampoco esta por ser sincera 😅… creo q a cabezotas nadie los supera …
    En serio q no te han llegado más propuestas de títulos? Pfff yo ya di los míos soy rematada para el tema 🤣…
    Un abrazote y ya estoy esperando el próximo viernes 🥰

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:27h, 16 abril Responder

      Muchas gracias, Kata.
      A estos dos les va a tocar sufrir por nada.
      A ver cómo les va estas semanas que vienen
      Un beso, gracias por comentar.

  • María Teresa Marlasca
    Publicado a las 15:56h, 16 abril Responder

    Es una historia divertida con una narrativa ágil. Este chico tendrá problemas, sin duda, el amor se puede presentar de muchas maneras, jeje

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:26h, 16 abril Responder

      Algo tendrá que sucederle, acaba de empezar la historia…
      Un abrazo, muchas gracias por comentar
      Maria

  • Elizabeth Calvo Corbacho
    Publicado a las 08:06h, 21 abril Responder

    Fabulosa historia, como siempre con muchas ganas de más!!!
    Te voy a dejar un par de ideas para el título, pero que sepas que me parece una osadía hacer algo así!!! 😛

    Sentimientos ocultos
    Sentimientos negados
    Sentimientos contradictorios
    PD: está claro que algo de sentimientos tiene que ser, porque a mi es lo que me produce.

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 09:24h, 21 abril Responder

      Hmm, me gustan esos sentimientos.
      Y me encanta que quieras seguir leyendo acerca de Sito Y Érika.
      Un abrazo muy fuerte.
      Maria

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