Sito y Érika

SITO Y ÉRIKA, CAPÍTULO 1

LOS PADRINOS DE LAS CRIATURAS

Esa tarde llegué a casa muy cansada, de lo único que tenía ganas era de meterme en la cama y caer desmayada después de la dura jornada de trabajo. Las cosas se estaban poniendo muy feas en la empresa, y se me antojaba que se pondrían aún peor.

Dejé el teléfono sobre la mesilla de noche y me recogí el pelo en un moño alto mientras me dirigía hacia el baño. Abrí el grifo de la ducha y empecé a desvestirme esperando a que se calentara el agua para meterme debajo del chorro hirviendo.

«Si Sito pudiera verme ahora», pensé. A él siempre le había gustado el agua muy caliente, en cambio, yo la prefería más bien tibia hasta que me mudé a Dublín. Cualquiera pensaría que, tras tres inviernos en Irlanda, uno se acostumbraba al frío, pero nada más lejos de la realidad. Soy demasiado mediterránea hasta para eso.

Aunque no lo admitiría ante nadie, cada vez se me hacía más cuesta arriba estar sola en una ciudad tan diferente a la mía. Lo que más añoraba en esos momentos, sin embargo, no era Palma, ni siquiera mi adorado Betlem, lo que más echaba en falta era meterme en el mar con Sito, Álex y Marina, como había hecho tantas veces antes de embarcarme en esa locura y marcharme de la isla hacía ya tres años.

El teléfono sonó justo en ese momento y estuve tentada de no cogerlo, pero tal y como estaba la situación en el trabajo, no contestar a una llamada marcaba la diferencia entre estar dentro o fuera.

Cerré el grifo mientras resoplaba y maldecía como un auténtico camionero y me dirigí hacia la habitación.

—Te juro que si llego a saber que eras tú, no me digno ni a salir del baño, estaba a punto de ducharme y estoy tan agotada que no tengo tiempo para tus chorradas.

—Yo también me alegro de oírte, cielito.

La sola voz de Sito consiguió arrancarme una sonrisa. Aunque pensaba a menudo en él, solo me daba verdadera cuenta de la falta que me hacía tenerlo a mi lado cuando escuchaba sus payasadas.

—¿Acaso no te tratan tan bien como antes esos rudos irlandeses?

—Me tratan tan bien como siempre, lo que no equivale a decir que me dejen relajarme en el trabajo.

—Joder, Érika, con las horas que pasas en esas oficinas ya deberías de haberlas heredado, no solo eso, tendrías que ser al menos la reina de Irlanda.

—En Irlanda no hay monarquía, monguer, y lo sabes perfectamente.

—Vale, vale. Hace casi cinco días que no sé nada de ti y, ¿así es como me tratas? ¿Sabes qué?

—¿Qué? —Hasta yo misma pude percibir en mi voz la esperanza de que no me abroncara por responder de forma tan mal educada al teléfono.

—Pues que esos dublineses no se merecen que pases ni un día más ahí. Lo que necesitan es que los escarmientes y te vengas para casa ya.

—Así que, el señor —dije con una sonrisa enorme en la cara al ver que me escapaba una vez más indemne por mi mal humor—, que se ha pasado tres años en el extranjero, de aquí para allá, de una misión de paz tras otra, ha regresado a Mallorca y se aburre porque no estoy yo ahí para reírle todas las gracias, ¿no?

—No, ¡qué va! Para nada. Ya tengo a mis dos ahijados para que lo hagan.

—Oye, tú, que también son mis ahijados. Además, no creo que puedan fijar la vista en algo el tiempo suficiente como para que les haga gracia. Son demasiado pequeños para eso.

—Pues sí, lo hacen, porque han salido tan inteligentes como su padrino. —La voz de Sito sonaba como la que ponen los niños pequeños cuando se pelean, y a mí no me quedó más remedio que reírme de las tonterías de mi amigo, como había hecho siempre, desde que lo conocía.

—Cuando ha sonado el teléfono estaba pensando en ti.

—¡Uf! No me hagas imaginar esa escena que me pongo a morir.

—¿Qué escena, idiota?

—Tú, desnuda, a punto de meterte bajo el chorro de la ducha, demasiado fría para el gusto de nadie que no seas tú por cierto, y pensando en mí. Déjalo, acordarme del agua helada me acaba de bajar la libido de golpe.

«Si tú supieras», dije para mí.

Levanté el edredón y me metí entre las sábanas. Eran tan suaves que me hicieron suspirar de gusto.

—¿Qué estás haciendo, guarrilla?

—Qué tarado eres. Me acabo de tumbar en la cama y solo he inhalado con fuerza porque las sábanas están frías —mentí.

A través de la línea llegó el chasquido que Sito hizo con la lengua.

—¿Cuándo vas a venir?

—Ya te lo dije, llego el sábado por la mañana.

—Y yo te dije que cambiaras ese vuelo, que solo faltaría que se retrasara y llegaras tarde al bautizo de tus ahijados.

—Pero qué pesado eres, joder. Ni siquiera Marina se ha quejado, el único que pone pegas a todo eres tú.

—Es que lo veo venir. Además, hace más de tres meses que no nos vemos, ¿en serio pretendes hacerme creer que no te quedarás ni veinticuatro horas? Que sepas que tu madre está súper disgustada contigo, y yo más aún.

—No sé por qué no rellenáis los papeles de adopción. Así, a lo mejor, dejaríais de darme la lata. —Aunque intentaba imprimir un tono enfadado a mis palabras no podía remediar estar regodeándome con la conversación y la alegría tendía a hacerse patente en cada una de mis frases, o al menos era lo que quería creer.

—Te echo de menos, petarda, así que no me riñas.

Las palabras de Sito me enternecieron y eso, sumado a la emoción por haber recibido su llamada, al cansancio y al estrés que llevaba acumulando durante semanas, casi hizo que me echara a llorar; pero solo casi.

—Vale, tregua —concedí—. Suelta eso tan importante que tienes que contarme, anda, que te conozco como si te hubiera parido y me da en la nariz que no me has llamado para comprobar los horarios de mis vuelos.

En el silencio que siguió a mis palabras pude adivinar el movimiento de cabeza que estaba haciendo Sito en aquel preciso instante y pude ver, como si tuviera a mi amigo ante mí, su sonrisa pícara y preciosa asomándose muy despacio a sus labios.

—He conocido a alguien. —Disparó a bocajarro y sin avisar—. Y quería preguntarte qué te parecería que la llevara al bautizo.

El corazón se me paró durante dos dolorosísimos microsegundos, antes de volver a latir de forma poco consistente, al oír esas palabras. Sito había conocido a muchas chicas durante los tres años que llevábamos separados, a la mayoría solo en el sentido más estrictamente carnal de la acepción «conocer», y no me había parecido mal en absoluto, sobre todo porque yo también había disfrutado de una buena ración de relaciones esporádicas en ese tiempo. Pero, ¿llevar a un ligue al bautizo de sus sobrinos?

—No creo que me corresponda a mí contestar a esa pregunta —exclamé con bastante más furia de la que había pretendido.

—¿A qué viene ese mal humor tan gratuito? ¿Te has puesto celosa? —preguntó zalamero.

—¡Eso es lo que tú quisieras, chaval! —Me estaba poniendo nerviosa. Pero prefería morirme antes que demostrárselo—. Creo que lo que deberías hacer es preguntarles a tu hermano y a Marina qué opinan. Tu cuñada me dijo que solo iba a invitar a los familiares más cercanos.

—Pues por eso mismo me he planteado llevarla, me parece un momento ideal para presentarla a la gente que de verdad me importa, Érika. —Escuché cómo resoplaba a través de la línea—. Si hablamos de ti, no sé cuándo te dignarás a volver, lo mismo pasa con el tío Hugo. Joder, creía que te alegrarías por mí.

—Y me alegro, de verdad que me alegro —contesté tragándome las lágrimas que, ahora sí, habían empezado a rodar por mis mejillas—. Solo que no soy yo la que organiza la fiesta, no tengo nada que opinar sobre el hecho de que vayas acompañado o no.

—Ya lo sé. Pero, después del tiempo que hemos pasado separados, creí que me querrías todo para ti. —Ahí volvía a estar mi Sito, el que siempre tenía que hacer bromas sobre cosas serias. Claro que lo quería todo para mí, pero no solo el día de la fiesta, lo quería a mi lado todos los días de mi vida. Lo que no quería era obligarlo a venir conmigo a Dublín de ahí que no le dijera que lo añoraba tanto que me dolía.

—No te preocupes por eso, estaremos juntos todo el día, te hartarás de tenerme a tu lado. Desearás dejarme en el aeropuerto antes de lo que imaginas. No sabes lo mandona que me he vuelto.

—¿Más? —Su grito exagerado me hizo reír.

—Mucho más, pringado. Tenía que haberme alistado en el ejército yo en vez de tú. Se hubiesen enterado algunos de lo que vale un peine.

—Anda, anda, que no flipas ni nada.

—Se está haciendo tarde, venga, que me quiero ir a dormir cuanto antes. El sábado te llamo cuando me suba al avión para que vengas a buscarme, ¿vale?

—De acuerdo. Te recojo en el aeropuerto, si llegamos tarde será tu culpa.

—Puedo asumir esa responsabilidad, estoy asumiendo otras mucho más peligrosas, así que tampoco será tan grave.

—Cuídate, no dejes que nadie te ponga la pierna encima, ¿vale?

—Lo haré, y tú llama ahora mismo a tu hermano que, si ya tienen el restaurante reservado, a veces no es tan fácil meter a alguien más. —Claro que eso solo es lo que yo hubiera deseado, seguro que todo el mundo se alegraría mogollón de que Sito les presentara, al fin, a una de sus novias.

—Hasta el sábado, Eri. ¡Qué ganas tengo de abrazarte de una vez!

—Adiós, pesado, nos vemos en tres días.

Colgué el teléfono y me hice un ovillo en la cama. ¿Por qué no me daba cuenta  de que estaba haciendo el tonto y lo que debería hacer era decirle de una vez por todas que había esperado toda la vida para ser yo la que presentara a sus padres como su novia?

Ese pensamiento era del todo incongruente, Sergio y Esperanza me conocían casi tanto como a su propio hijo, no me tenía que presentar a nadie de su familia. Además, lo mío no era quedarme en la cama lloriqueando, lo mío era pasar a la acción. Llamaría a Marina y le diría que ni se le ocurriese dejar que Sito fuera a la boda con su «novia».

Aunque, pensándolo bien, ¿era eso lo que se esperaba de una verdadera amiga? Y, vale, estaba enamorada hasta las trancas de Sito desde que teníamos cinco o seis años, y eso porque no guardaba recuerdos anteriores, pero también era su amiga. ¿No se supone que tendría que haberme alegrado porque él era feliz?

Tampoco había dicho que lo fuera tanto ¿no? Solo había mencionado que era una buena ocasión para presentarnos a su novia a mí y al tío Hugo, porque estaríamos los dos al mismo tiempo en Mallorca y eso era difícil que se repitiera pronto.

Me levanté de la cama y, tiritando de frío, me acerqué a la cocina americana del estudio en el que vivía para abrir una botella de vino. Ya no me apetecía ducharme, me llamaba mucho más la idea de meterme en la bañera con una copa de vino tinto y una música muy triste de fondo. ¡Qué patética me estaba poniendo! La reina del drama que vivía en mí y que, normalmente, me ocupaba de mantener a raya acababa de aparecer y me iba a regodear un ratito en ello. ¿Total, qué mal me hacía si solo la dejaba salir muy de vez en cuando?

Acerqué el puf blanco, que había comprado justo debajo de casa en una tienda muy chic, a la bañera y coloqué el teléfono encima. Marina no tardaría en llamarme. Estaba segura de que, si Sito y Álex hablaban sobre la invitada que pensaba llevar mi amigo a la boda, le faltaría tiempo para ponerme al día de las novedades. Además, así tenía un lugar donde dejar la copa entre sorbo y sorbo.

Me acomodé en la bañera con una toalla en la nuca y empecé a darle vueltas a la idea de no asistir al bautizo. Torcí la boca, eso no era posible, iba a ser la madrina de los bebés, jolines. Ya sabía yo que tenía que haber declinado ese ofrecimiento.

Cuando Marina me preguntó si quería ser la madrina de sus dos hijos me acordé inmediatamente de mi abuela. Siempre me decía que había conocido a otro chico antes que a mi abuelo, que estaba muy enamorada de él y que había estado segura de que se casarían algún día. Pero había surgido un problema, uno que nadie había podido prever.

Ella y el chico, del que ni siquiera me había querido contar cómo se llamaba, trabajaban en casa del médico del pueblo; un hombre que había ido a Mallorca desde la península con su joven esposa; ella, como sirvienta y chica de compañía de la señora y él, como jardinero y chófer del señor.

La señora dio a luz a su primer hijo y, para sorpresa de todos, eligió a los dos criados para que fueran sus padrinos. Ella siempre había oído decir a las viejas del  lugar que si una pareja de novios apadrinaba al mismo niño, nunca llegarían a casarse; pero también sabía que no podía declinar un honor tan grande como el que le hacía la señora, así que aceptó ser la madrina del pequeño y, al poco tiempo, se tuvo que buscar otro novio porque el primero la había dejado por una señorita de moral dudosa que vivía sobre el café del pueblo.

Estaba claro que esas supersticiones eran cosas de mujeres del siglo pasado, pero ese tipo de convicciones venían de algún sitio; a la vista estaba: mi pobre abuela se había quedado compuesta y sin novio, como me estaba pasando a mí.

El teléfono sonó, sacándome de esa espiral de pensamientos derrotistas; como había esperado, era Marina.

ERIKA EN LA BAÑERA

—Que dice Sito que quiere traer a su último ligue al bautizo. ¿Te lo puedes creer?

—Sí, me ha llamado hace un rato para preguntarme qué pensaba de ello.

—¿Qué le has dicho?

—Que os llamara a vosotros y, por lo que veo, ya lo ha hecho.

—Le he dicho que, por supuesto que puede traerla, que estaremos encantados de conocerla al fin. Pero yo no quiero que venga, su novia tienes que ser tú. Joder, que me he hartado de oír que serás la madre de sus hijos desde que llegué a la isla y, ¿ahora va y me sale con esas?

Me reí sin ganas.

—Eso es una broma que nos hacemos el uno al otro desde el principio de los tiempos…

—No me vengas con gilipolleces, que he visto cómo os miráis, ¿cómo estás?

—Bien, ¿cómo voy a estar?

—Mira, quiero que el sábado le dejes claro a esa niñata, que seguro que no será más que una niñata, que aquí la que tiene la última palabra eres tú y que Sito es tuyo.

Marina, la mujer de Álex, era una chica dulce y encantadora, muy divertida, pero, a veces, sacaba un genio que no se sabía de dónde salía, como si fueran dos mujeres en una.

—No pienso hacer nada de eso. Además, mi vida está aquí y Sito es de los que nunca querrán abandonar la roqueta. Todavía sigo alucinando de que se haya tirado tres años en el ejército. Hubiera apostado a que no pasaría del primero.

—¡Bah! Eso solo fue porque quería superar a Álex, siempre se están picando, los muy idiotas.

—¿Ya lo tienes todo listo? —Le pregunté para cambiar de tema.

—No hay mucho que preparar, somos poquitos, ya te lo dije.

—Nunca hubiera pensado que bautizaríais a los niños, no os hacía de esos.

—Y yo nunca me hubiera imaginado tener que bautizarlos para que tú y Hugo vinierais a conocerlos.

—Claro. ¡Habrá sido por eso!

— Pues sí, por eso y porque tu madre y Esperanza se han puesto un poco bobas con el tema.

—¿Mi madre? ¿Qué pinta ella en todo esto?

            —¿Te tendré que contar a ti lo amigas que son ella y mi suegra? Espérate a que se enteren de lo de Sito, seguro que les da un patatús a ambas. ¡Con lo convencidas que están de que algún día serán consuegras!

            —Anda, cállate y no me des más la lata. Nos vemos el sábado.

            —Vale, nos vemos el sábado. No sabes cuánto te echo de menos. Hace un porrón de tiempo que no vienes.

            Eso ya lo sabía yo, no hacía falta que me lo recordara.

            —No te preocupes que el fin de semana nos ponemos al día de todo. Dale un beso fuerte a los niños y a Álex. ¿De acuerdo?

            —Vale, y mañana sin falta vete a comprar algo sexi, ¿me has oído?

            —Adiós —contesté como si no la hubiera oído. Sexi, ¿para ir a un bautizo? Ni loca, ni mi madre ni Esperanza me lo perdonarían jamás. Y vale que a mí me preocupaba poco lo que la gente pensara de mí, pero esas dos mujeres en concreto me daban mucho miedo.

Como te he comentado, y si no lo hago ahora, estos chicos aún no tienen título. Para el caso, tampoco portada, así que ya sabes:

Si se te ocurre algo seré todo oídos.

O MEJOR, ¡SE ME ACABA DE OCURRIR!

¡¡Entre todas las propuestas que reciba sortearé el primer ejemplar que imprima!!

¿QUÉ TE PARECE?

A MI ME PARCE UNA IDEA GENIAL, QUÉ ORGULLOSA ME SIENTO DE MÍ AHORA MISMO.😛😛

SI TE PERDISTE LA ANTERIOR NOVELA POR ENTREGAS:

«SE ALQUILA HABITACIÓN EN PISO COMPARTIDO»

AQUÍ TE DEJO EL ENLACE A AMAZON

No products found.

Maria Ferrer Payeras, escritora
SI TE SUSCRIBES A MI NEWSLETTER PODRÉ AVISARTE CADA VEZ QUE PUBLIQUE POSTS Y CAPÍTULOS NUEVOS.

 

¡Comparte!
8 Comentarios
  • Kata
    Publicado a las 04:56h, 10 abril Responder

    Me engancha …. estaré atenta a esa fiesta de bautizo… uy que tiene q ser bobito el muy cara dura para no darse por enterado que Eri está hasta las trancas por sus huesitos 😅….
    Veamos en cuanto a un título no soy muy avispada pero…. mmmmm …. podría ser ….
    «Yo que te adoro y tu ni te enteras »
    O podría ser…
    «Dos cabezotas pero muy cabezotas»…
    Jajajaja … ya que te dije q no sirvo para la pega 😛🤪

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 14:06h, 10 abril Responder

      Jajajaj, son dos buenos títulos, pero el primero creo que a partir de la semana que viene vas a considerar cambiarlo.😂😂😂
      Muchas gracias por tus comentarios Kata!!

  • Mariló
    Publicado a las 14:48h, 11 abril Responder

    Por favor!!!! Que ganas de que llegue el bautizo y ver ese reencuentro. Esas miradas cómplices tienen q ser la bomba!! Y madre mía sólo esto y ya me tienes enganchadisima. “”Ni contigo ni sin ti””

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 20:12h, 11 abril Responder

      Jajaja,
      Me alegro muchísimo de oír eso.
      Espero que los capítulos que están por venir te gusten igual o más, porque estos dos tienen tela.
      Un abrazo muy fuerte

  • Carmen
    Publicado a las 18:51h, 12 abril Responder

    ummm se avecina una historia interesante, me gusta esta pareja. Creo que van a dar mucho juego!!!!!!!!Deseando seguir conociéndoles y leer lo que vas a crear para ellos, que seguro que es Liarla Pardo,jejejjejej. De título podría ser Sito conexión Érika!!! Mi gran debilidad Sito!!!!!!!!! Gracias por tus historias tan divertidas y románticas.

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 07:10h, 13 abril Responder

      Muchas gracias a ti por tus comentarios
      A ver qué nos traen estos dos!!
      Un beso

  • Manoli Angel
    Publicado a las 09:26h, 15 abril Responder

    Ayyyy madre mía, que ya quiero todo el libro para leerrrr…..como me haces esto, tener que esperar para seguir sabiendo de ese bautizo y de sus padrinos.
    😘😘😘😘 espero encantada 👏🏼👏🏼👏🏼

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 10:59h, 15 abril Responder

      Muchas gracias, Manoli.
      Mañana ya es viernes, las semanas pasan volando.
      Ya te aviso que se va a montar una…
      Un beso muy grande

Deja un comentario