Capítulo sE ALQUILA HABITACION EN PISO COMPARTIDO

CAPÍTULO 16

Me parece que es hora de que te calmes

Loren

Madrid, 15 de mayo de 2020

—¿A ti se te ha ido la olla o qué coño te pasa?

—¿No decías que podía venir a vivir aquí, contigo y con Rocío?

—Claro que puedes instalarte aquí, eso no tienes ni que preguntarlo, lo que pasa es que no puedes huir de las contrariedades de esta manera. No entiendo que ni siquiera hayas esperado a que Olivia llegara a casa para pedirle explicaciones; es más, que ni te hayas dignado a cogerle el teléfono hace un rato. La chica tiene que estar preocupadísima.

—Basta, Jandro, basta —le digo en un tono más alto de lo que pretendía—. No había explicación posible para su comportamiento. Le conté a Olivia lo que me había pasado con Nerea, lo sensible que soy respecto a ese tema. Y le ha dado igual.

—Eso no lo sabes. Además, ¿te comportas de esta manera por un puto morreo? Tío, que no estamos en el instituto.

—No lo entiendes…

—Claro que lo entiendo: eres un cagado que sale corriendo cuando las cosas no van como quiere.

—No tienes derecho a decirme eso, no sabes todo lo que he tenido que aguantar…

—Claro que lo sé, he estado siempre junto a ti, pero eso quedó en el pasado, Loren. Ahora no es lo mismo.

—¡¿Tú qué coño sabrás?! Tienes una mujer maravillosa que está siempre a tu lado, que te apoya y te respeta y, sobre todo, que es leal. Leal. ¿Sabes qué significa eso? —Acabo de perder los papeles y estoy gritando como un energúmeno. Mi hermano solo me ha dicho lo que piensa, y yo estoy pagando mi ira y mi frustración con él. Me paso las manos por la cara. Necesito hacer un reset y hablar de esto con calma, o no hablarlo en absoluto.

Rocío está sentada con nosotros a la mesa del comedor. Hasta ahora no ha abierto la boca. Seguro que ganas no le faltan; sin embargo, se mantiene callada y nos mira, como si quisiera ver hasta dónde puede llegar en la discusión entre su marido y yo.

Miro el reloj: son casi las nueve de la noche y hace apenas un cuarto de hora que ha llamado Olivia. Mi hermano no imagina que si no he descolgado el teléfono ha sido para evitar el bochorno de que me contara cualquier patraña que justificara el haber pasado todo el día con Martín.

—Voy a buscar una cerveza. ¿Queréis una vosotros? —Me levanto de la silla para dirigirme a la cocina, pero mi cuñada me hace una señal para que vuelva a sentarme.

—No creo que ahora sea lo más apropiado. Voy a preparar unas tilas, que nos convienen más a los tres.

—No me jodas, Rocío.

La mujer de mi hermano levanta las cejas y pone cara de extrañeza; no hace falta que pronuncie en voz alta la pregunta. «¿Perdona?» es lo que me está diciendo con cada facción de su rostro. Bajo la cabeza, avergonzado por mi conducta.

—Mira, Loren, te quiero muchísimo y entiendo que estés decepcionado y furioso; a pesar de eso, ni Jandro ni yo tenemos por qué actuar como tus sacos de boxeo. Me parece que es hora de que te calmes. Una cerveza no va a ayudarte ahora mismo, por mucho que pienses que sí y por mucho que en las pelis nos quieran vender la moto. Lo que necesitas es algo que te relaje. Voy a preparar una tila para cada uno. ¿Queda claro?

No puedo más que asentir, aún con la cabeza gacha. No me atrevo a mirarla a la cara, me siento como un niño pequeño al que la maestra reprende sin levantar la voz.

—Joder, macho, tu mujer me da miedo —consigo decir al cabo de un minuto entero después de que Rocío nos haya dejado solos.

—¡Me lo ha dado hasta a mí! —Miro a mi hermano a los ojos; no está enfadado. Esboza una sonrisa triste y me guiña un ojo—. Ya puedes prepararte: conociéndola, seguro que el sermón no ha terminado. Y que sepas que me alegro mucho de no estar en tu pellejo, porque te lo va a dejar hecho jirones cuando vuelva.

—Te estoy oyendo, Jandro.

—Normal; tampoco es que esté susurrando, cariño. Solo advierto a este ingenuo hermano mío para que sepa lo que viene a continuación.

No tengo ganas de que nadie me eche el sermón, y menos Rocío. Yo también la quiero mucho, pero en estos momentos estoy muy obcecado y no sé si podría contenerme para no gritarle, tal y como he hecho con Jandro. Ha salido el Mr. Hyde que llevo dentro y se ha descontrolado la situación. Por segunda vez en menos de cinco minutos, trato de ponerme en pie.

—No te muevas de donde estás, que no he acabado contigo. —La voz de mi cuñada, que vuelve de la cocina con tres tazas y el azúcar en una bandeja, me deja petrificado a medio camino.

—En serio que no tengo ganas de discutir sobre el tema, Rocío. No quiero pelearme con vosotros, y ahora mismo estoy tan cabreado que le gritaría hasta a un santo. No os lo merecéis, como bien has dicho tú, así que lo mejor será que me meta en la cama hasta mañana, que será otro día.

—Loren —por lo visto, aunque no quiera, tendré que comerme el sermón. Vuelvo a aposentar el trasero en la silla. Su tono de voz es de los que no admiten réplica—, ahora en serio: no voy a objetar nada acerca de que hayas decidido dejar el piso de Olivia si has perdido la confianza en ella, puesto que Jandro y yo estamos superfelices de tenerte en casa, pero ¿no te parece que eres mayorcito como para largarte sin una excusa?

—¿Crees que no sabe perfectamente por qué me he ido?

—Ah, ¿sí? ¿Qué pasa, que Olivia es adivina y no nos lo habías contado? —Inspiro con fuerza para no contestarle mal; su sarcasmo no me gusta nada. Pero Rocío, en vez de dejar de joder, continúa con su discurso—: Estamos de acuerdo en que la has visto besarse con un tío, con el que no ha dejado de hablar e intercambiar bromas durante todo el confinamiento, cuando se suponía que estaba liada contigo. —Asiento sin mucha energía—. O… que te ha parecido que la has visto besarse con él.

—La he visto. —Mi afirmación suena un poco débil.

—Manda cojones —exclama mi hermano—. Sí que eres imbécil. Ni siquiera has esperado, como si lo viera. Solamente te lo has imaginado.

—No me he imaginado nada —alego con los dientes apretados. Creo que hago saltar un trozo de muela debido a la fuerza con que cierro la mandíbula.

—Vale, pasemos a lo siguiente: lo hayas visto o lo hayas imaginado…

—¡Que no lo he imaginado! —repito con hastío.

—Lo que sea. —Mi cuñada zanja la cuestión—. Ella no se ha dado cuenta de que estabas ahí, observándola. ¿Cómo crees que puede haber llegado a la conclusión de que tú, de alguna forma, te has enterado de que estaba besuqueando a su jefe?

Me froto la cara.

—¿De verdad crees que ella solita podrá llegar a esa conclusión? —prosigue—. Y aunque lo hiciera, no es normal no querer hablar las cosas. A lo mejor se trata de un malentendido y tú has quedado como el culo al salir pitando sin una razón de peso.

Miro a Rocío con intención de que lea en mi cara el gesto de «¿en serio?».

Ninguno de los tres tiene ocasión de añadir una palabra más porque mi teléfono empieza a sonar de nuevo. Ya le he colgado media docena de veces, por lo menos, y ahora tampoco pienso responder, así que ni siquiera miro la pantalla. Antes de que cancele la llamada, mi hermano pregunta:

—¿Quién es Conchi? —Entrecierra los párpados y me mira con intención—. ¿Hay algo, o alguien más, que no sepamos?

La melodía se corta en ese preciso instante. Cojo el móvil para devolverle la llamada a Conchi. No sé por qué lo hago, sé lo que me va a preguntar, pero ella, al igual que Jandro y que Rocío, no tiene culpa de nada. Siempre se ha mostrado muy amable conmigo y creo que incluso hemos entablado una pequeña amistad.

—Loren, ¿se encuentran bien tu hermano y tu cuñada? —es lo primero que pregunta en cuanto atiendo el teléfono.

—Muy porculeros, pero sí, en general están bien. —Intento imprimir un poco de humor a una conversación que, de por sí, no me hace ninguna gracia.

—¿No están en el hospital ni nada?

—No, ¿qué te hace pensar eso?

—Joder, te has marchado del piso sin dar explicaciones. He querido pensar que había sido por una causa de fuerza mayor.

—Si ver cómo Olivia besaba a Martín no te lo parece…

—¿Cómo dices?

—Esta mañana he ido a mi oficina para tratar unos asuntos con el jefe y, cuando he salido de allí, he decidido buscar a Olivia en su trabajo para darle una sorpresa. Sin embargo, la sorpresa me la he llevado yo cuando la he visto liada con Martín.

El silencio en la línea dura unos segundos más de lo esperable. Seguro que Conchi está maquinando cómo echarme el sermón, igual que han hecho estos dos.

—¿Estás en casa de tu hermano?

—Sí.

—Vale, no te muevas de ahí. Te llamo en un rato.

Y cuelga, sin darme tiempo a preguntarle a dónde coño cree que puedo ir a estas horas, con el corazón y la moral tan destrozados como los tengo.

—¿Qué te ha dicho?

—Nada.

—¿Nada?

—Nada de nada. Solo que me llamaría después.

—Lo que yo te decía: la has dejado alucinada y no sabía qué responder.

—O conoce a su amiga mejor que vosotros dos y sabe de lo que es capaz.

—Hostia, Loren, ¿cómo puedes pasar del amor al odio en solo medio día? La semana pasada decías que quizá Olivia podía ser el amor de tu vida.

—Por lo visto, yo tampoco la conocía.

Paso de las protestas de Rocío. Voy a ir a por una cerveza; este brebaje de mierda me está poniendo de peor humor.

—Con todo lo que le toleraste a Nerea… —No dejo que mi hermano acabe la frase.

—Sabes que juré que nunca nadie volvería a pisotearme como hizo ella. Jamás. —Estoy perdiendo los nervios de nuevo, así que me pongo en pie y… me quedo clavado en el sitio. La mirada de Rocío ha sido lo bastante intimidatoria como para que se me pasen de golpe las ganas de cerveza.

—Ahora sí que me voy a la cama, chicos, disculpadme. Mañana empezaré a buscar otro piso en el que vivir. Eso sí, yo solito. Si no, he pensado en llamar a Nerea y pagarle un alquiler, o lo que sea. Es absurdo que tengamos el piso vacío.

—Un poco de tontos sí es… —Jandro no ha terminado de hablar cuando Rocío le propina una patada por debajo de la mesa. Me entra la risa; son los nervios, seguro, porque me estoy poniendo cardiaco.

Le doy vueltas al móvil, comprobando una y otra vez que sigue encendido. Conchi me va a llamar, ha dicho que lo haría.

Cuando al fin suena, cierro los ojos. Espero que no sea Olivia pidiendo perdón; no sé lo que sería capaz de decirle ahora mismo.

Es Conchi.

—Campeón, te has cubierto de gloria.

—¿De qué estás hablando?

—Nunca había oído a Olivia tan enfadada desde que la conozco. Me ha dicho que ni se te ocurra llamarla ni aparecer por el piso, que si lo haces, te mata.

—Ah, ¡encima! —Mi voz suena indignada—. La veo enrollándose con el puto Martín de los cojones y la que se enfada es ella.

—Loren, deberías haberte quedado un rato más.

—¿Para verlos regodearse en su rollo? No, gracias…

—No, tío, no. Tus celos te han cegado. No te has quedado lo suficiente para ver cómo Olivia le hacía la cobra a Martín.

Creo que hemos topado con dos cabezones de cuidado, a ver cómo se las arreglan o desarreglan…

¿Qué crees que debería pasar ahora? Déjame un comentario y te contestaré si: caliente, caliente o frío, frío.

TENGO OTRA SUGERENCIA PARA TI. ¿QUIERES SABER QUE HA CONTESTADO EVA M FLORENSA A LA PREGUNTA INDISCRETA?

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6 Comentarios
  • Kata
    Publicado a las 14:10h, 19 febrero Responder

    Ay Loren … Loren… Loren… te tocara mi niño hacer muuuuuchos méritos si quieres recuperar a Olivia… se te viene muuuuy pesada la pista muñeco 😅… los celos son los peores y sumado al orgullo una bomba de relojería…

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:14h, 22 febrero Responder

      Y Ya sabes qué hacen las bombas, no??
      Explotan. Esto está a puntito de caramelo.
      Gracias por comentar, guapísima

  • Eva M. Florensa Chanqués
    Publicado a las 19:31h, 19 febrero Responder

    Yo ahora le haría sufrir un poquito y luego lo haría su esclavo sexual 😂😂😂😂
    Muy bueno María, como siempre. Un beso guapa. 💕🌹

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:14h, 22 febrero Responder

      Esclavo del tipo que sea, pero que la satisfaga.
      Muchas gracias por comentar, amore.

  • silvia
    Publicado a las 13:32h, 22 febrero Responder

    Menudos dos!!! El chorreo que se va a llevar Loren será de órdago! Deseando que llegue el viernes para ver qué pasa.

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:15h, 22 febrero Responder

      Pues prepárate que vienen curvas.
      Porque Olivia es mucha Olivia
      Gracias por dejarme un comentario.

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