Capítulo sE ALQUILA HABITACION EN PISO COMPARTIDO

CAPÍTULO 14

 

Mi radar no andaba tan equivocado

 

Loren

Madrid, 15 de mayo de 2020

 

Aunque ya hace unos días que se nos dio permiso para presentarnos de nuevo en la oficina, tanto mis jefes como los de Olivia han decidido que sigamos trabajando desde casa, algo que, por otra parte, a nosotros no nos ha molestado en absoluto.

No obstante, hoy es viernes, y en la empresa de Olivia han programado una reunión para «reorganizarse y ponerse a tope con las tareas pendientes», así que yo he decidido pasar por la mía para comprobar cómo siguen las cosas por ahí y, de paso, saludar a mi jefe y a algún que otro compañero que se ha hartado de estar solo en casa y prefiere trabajar desde las oficinas. Cada uno es dueño de hacer con su vida lo que quiera, y entiendo que los que han pasado estos dos meses sin ninguna compañía tienen que haberse muerto de asco, o casi.

Pienso en qué hubiera sido de mí si llego a estar solo cuando enfermé, y doy gracias al universo, y no por primera vez, por haber puesto a Olivia en mi camino. También por haberme dado la oportunidad de cuidar de ella cuando estuvo tan mal, aunque enfermara —casi seguro— por culpa mía.

Cada día estoy más enamorado, y creo que ella siente algo parecido, aunque no se haya atrevido a expresarlo en voz alta. No tengo prisa; ya lo hará cuando tenga ganas o esté preparada.

Quizá yo se lo confesé demasiado pronto, pero todos somos diferentes y tenemos nuestra idiosincrasia; si no, ¿qué gracia tendría el mundo?

Cuando llego al trabajo, encuentro menos gente de la que esperaba. Pensaba que yo sería de los pocos que se habían quedado trabajando en casa y resulta que no, que los que han vuelto a la oficina son minoría.

—Hombre, Loren —me saluda uno de ellos en cuanto me ve—. ¿También te has cansado de estar entre cuatro paredes?

—No, la verdad, podría quedarme en mi nueva residencia para siempre —le contesto. Al instante se echa a reír a carcajadas y me doy cuenta de que he hablado de más.

—Pensaba que la dueña del piso estaba como una regadera y que no creías que pudieras aguantarla hasta finales de marzo. ¿Qué pasó? ¿Te mudaste, o al final te la has camelado?

Prefiero no responder a eso. Olivia no es un ligue de una noche. Para mí es mucho más, y no quiero hablar sobre ella en esos términos. Tampoco es que haya presumido jamás de cualquiera de mis conquistas, a las que no he dado ninguna importancia después de compartir cama —o baño en algún garito—; por eso me apetece todavía menos hablar sobre Olivia y lo que sea que tenemos. Aunque no esté del todo definido, a mí me parece importante.

—¿Está Juanjo? —pregunto para eludir su interrogatorio.

—En su despacho. —Creo que no le ha sentado demasiado bien el corte. «Ya se le pasará».

—Te veo luego. —Le hago un gesto con la mano y me dirijo al cuchitril de mi jefe para hablar con él.

—Hola, Loren. Veo que al final has decidido pasarte por aquí. Ya te he dicho esta mañana que no era necesario, el trabajo marcha tan bien como tú siempre habías proclamado. Creo que voy a pensarme seriamente eso de cerrar las oficinas, así me ahorro el alquiler.

Me encojo de hombros y sonrío.

—¿Cuándo no tengo yo razón, a ver?

Juanjo me devuelve el gesto. Estamos a más de un metro y medio, así que no hace falta que llevemos puesta la mascarilla. Además, ambos hemos pasado la covid, por lo que no habría problema si quisiera acercarme y darle unas palmadas en la espalda; aun así, decidimos mantener la distancia que ha estipulado el gobierno.

—Te invitaría a una cerveza, pero el bar de abajo no ha abierto; dudo que vuelva a hacerlo. Hablé con María, la dueña, y me dijo que su marido había estado muy jodido, que cuando salió de la UCI pesaba como quince kilos menos que antes de entrar en ella, y que necesitaba un refuerzo de oxígeno durante las veinticuatro horas.

—¡No me jodas! Si es de mi edad. —No puedo creérmelo. Quedamos algunas veces para jugar al fútbol con él y unos cuantos más. No hace tanto de eso; antes de que empezara este desastre.

—Sí, tío. Es escalofriante lo que llegas a oír.

—Prefiero ser como los avestruces, en serio: cuanto antes se acabe este rollo, mejor, y si no tuviera que oír hablar sobre ello nunca más, me parecería maravilloso.

—Pues hazte a la idea de que nos queda para rato.

Niego efusivamente. Con Jandro, que es quien más en contacto ha estado con la pandemia de las personas a las que conozco, he llegado al pacto tácito de hacer como si no existiera. Hablamos de cualquier cosa menos del puto virus, y Olivia y yo también. Seguro que no es la manera más sana de enfrentarse a un problema, pero a nosotros nos funciona, y pienso seguir esquivando las conversaciones sobre el tema siempre que pueda.

—El servidor nuevo se ha portado —me apresuro a decir para desviar el rumbo de la charla de una buena vez.

—Sí, ha sido una suerte que lo cambiáramos justo antes de tener que recluirnos. Me temo que con el antiguo no hubiese sido fácil trabajar desde casa.

Asiento mientras aprieto los labios. Tengo las manos en los bolsillos y me balanceo hacia delante y hacia atrás durante un rato. Juanjo y yo estamos al día en asuntos de trabajo; hemos hablado a diario desde que ambos mejoramos, y no es que seamos de muchas palabras ninguno de los dos, así que supongo que la conversación acaba aquí.

—Pues nada, me largo.

—Para la semana que viene tengo unos cuantos temas que tratar contigo. Nos vemos el lunes por la mañana; te haré una llamada por Zoom.

—¿A la hora de siempre?

—Ajá —me responde, con la cabeza ya metida en su pantalla doble.

—De acuerdo. Hasta el lunes, entonces.

 

Después de salir del edificio, se me ocurre que podría ir a buscar a Olivia al trabajo; esta mañana me ha dicho que no creía que la reunión fuera a durar mucho. Se me inflama el pecho solo con pensar en la posibilidad de invitarla a comer.

Como el bloque que alberga su oficina está a apenas seis manzanas del mío, decido pasear por la calle. Hay pocos coches que circulen por las avenidas del centro, y aún menos gente en la acera. El solecito es agradable, y solo faltan los pajarillos cantando alrededor de mi cabeza para sentirme como una princesa Disney.

En cuanto pongo un pie en el hall se me ocurre que el golpe definitivo hubiese sido comprar unas flores. Es una verdadera lástima que no haya encontrado ninguna floristería abierta de camino a aquí, porque seguro que, con lo sensible que estoy, las hubiera adquirido sin pensarlo.

En la recepción casi me doy de bruces con una chica de aspecto juvenil.

—Perdona —me disculpo mientras la sujeto para que no caiga de espaldas.

Primero me dirige una mirada torva, pero de repente en su cara aflora una sonrisa tímida.

—Menos mal que no ha pasado nada y que no llevaba ningún café en la mano —me contesta—. No sería la primera vez que riego a alguien con uno.

Me tengo que reír; seguro que es una becaria. Pobre, lo más probable es que no la necesiten en la reunión. Hubiese sido mejor que la dejaran quedarse en casa, por si las moscas. El jefe de Olivia, ese tal Martín, cada vez me cae peor. Menudo gilipollas debe de estar hecho.

—¿Sabes dónde queda el despacho de Olivia?

—Sí, es el tercero. —Frunce el ceño; parece pensárselo—. Sí, el tercero a la derecha si vas por ese corredor.

—Gracias. —Le dedico una de mis mejores sonrisas. No puedo estar serio sabiendo que solo unos cuantos metros me separan de Olivia.

De camino al despacho, noto un calorcito en la nuca. Estoy seguro de que, si me diese la vuelta, pillaría a la becaria mirándome el culo. Al final no será tan tímida como parecía. Menuda fijación tienen las tías con los culos, ¡hombre!

Mi sonrisa se ensancha por momentos. Qué ganas de llegar a casa y quitarle la ropa a Olivia, de esa forma lenta que la pone tan nerviosa. Me muerdo el labio inferior con anticipación.

Cuando voy a asir la manija para abrir la puerta, que está entornada, oigo unas risas procedentes del interior del despacho. Escudriño por la rendija; ya sé que es una mala costumbre, pero la curiosidad me puede. La escena que se representa ante mis ojos me deja helado.

Un tío alto, trajeado, y con gomina como para pegar dos mil moscas a un cartón, retiene a Olivia entre su cuerpo y la pared. Ella sonríe. Veo que él se agacha, con la clara intención de besarla en los labios, y cómo ella los entreabre para recibirlo; después ya no veo nada más. Todo se vuelve rojo.

Giro sobre mis talones, toda mi felicidad anterior convertida en furia.

«Ha sido solo un beso, no le des tanta importancia», me sermonea mi alter ego. «¿Que no le dé importancia? ¿Cómo no se la voy a dar? Le he abierto mi corazón, joder. Le conté lo de Nerea y por qué me separé de ella a pesar de lo muchísimo que la quería».

Mis dedos se cierran en puños y la mandíbula me duele de tanto apretarla. «Relájate, Loren, relájate». Un nubarrón negro se apodera de mi interior. No puedo dejar de pensar en Nerea y en todas las peleas que tuvimos. En la cantidad de veces que me puso los cuernos, y en que la historia se repite.

«Ha sido solo un beso, no le des tanta importancia», vuelvo a decirme. Pero me niego a creer que sea solo eso.

El problema no es que lo haya besado; el problema es que hace apenas dos horas me estaba besando a mí. El problema es la cara de ilusión que tenía; el problema son los dos millones de llamadas que ha intercambiado con Martín durante el tiempo que hemos permanecido encerrados en casa. Al parecer, mi radar no andaba tan equivocado cuando se encendía cada vez que sonaba su teléfono.

Sigue colada por él. Y yo, dándole tiempo para que se decidiera a decirme que me quería. Y una mierda. Lo único que quería era pasar entretenida la cuarentena.

«No seas idiota». La voz de la cordura vuelve al ataque. «Habla con ella; tampoco es que os hayáis jurado fidelidad ni nada por el estilo. Tan solo lo habéis pasado bien».

Paso de cordura. Olivia no admitió nada, pero yo sí. Yo reconocí claramente, y no solo una vez, que la amaba, y me traiciona así.

Si no me quería más que para un divertimento, tendría que haberme avisado en cuanto puse mi corazón en sus manos.

«Se ha estado riendo de mí».

«Solo te ha utilizado». Esta afirmación me satisface mucho más que las anteriores.

«¿No quería que me fuera antes de que acabara marzo? Pues no va a tener que esperar más. Cuando vuelva al piso, no va a encontrar ni rastro de que yo he vivido en él más de dos meses».

 

 

A ver cómo salen de esta!

No creo que sea fácil que se arreglen las cosas…

 

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8 Comentarios
  • Eva M. Florensa Chanqués
    Publicado a las 12:33h, 05 febrero Responder

    Enserio??!! Pero por qué nos haces eso??? 😭😭😭Pobre Loren. Noooo.

  • Kata
    Publicado a las 13:25h, 05 febrero Responder

    Noooooooo 😭…. por que le haces esto a él… tiene q haber un error .. ya se te equivocaste de historia … por favor si no se merece este dolor no el 😢 y ahora deberé esperar una semana de incertidumbre para saber que paso aquí…
    Pobre Loren 😪

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 14:43h, 05 febrero Responder

      Es que tengo la lengua atada…
      No quiero hacerte espoiler, jajajaj
      Un beso muy fuerte,
      Maria

  • silvia
    Publicado a las 20:33h, 05 febrero Responder

    No puede ser….. Maria, esto no se hace!!!! Esperamos una buena respuesta la semana que viene. #LorenForever #PonUnLorenEnTuVida

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 20:47h, 05 febrero Responder

      jajajajajaja
      Pues no sé si esta vez la ha cagado un poquito…
      🙊🙊 Hala, ya he hecho espoiler.

  • silvia
    Publicado a las 13:28h, 08 febrero Responder

    aaaarrrgggg!!!!!!

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