Capítulo sE ALQUILA HABITACION EN PISO COMPARTIDO

CAPÍTULO 13

No me apetece que esto acabe

Loren

Madrid, 1 de mayo de 2020

—Estos últimos quince días han sido los mejores de mi vida, no quiero que se acabe nunca lo que tenemos ahora —ensayo delante del espejo. «No, hombre, ¿cómo le vas a decir eso? La vas a acojonar; pensará que eres un tipo posesivo. Y, aparte, ¿qué es lo que tenéis ahora? Sexo, el mejor sexo que has tenido nunca, sí, pero ¿qué más?».

No puedo dejar de reprocharme todas y cada una de las frases cursis que se me ocurren para decirle a Olivia. Quiero que sepa que me gusta, explicarle que no me apetece que esto acabe en cuanto podamos salir de casa, que será pronto, estoy seguro.

No hemos hablado sobre el tema, hasta ahora nos hemos dejado llevar, pero por algunas conversaciones que mantuvimos antes de liarnos, creo que no entraba en sus planes tener «novio». Además, creo que cuando le conté lo sucedido con Nerea yo también le dejé claro que no soy de los que aspiran a tener relaciones abiertas.

Estoy hecho un lío. Me froto la barba con ahínco; después, contemplo el reflejo que me devuelve el cristal del baño desde distintos ángulos. «Necesitas afeitarte», me digo. Eso siempre me relaja. 

Cojo el neceser y saco las tijeras rectas; creo que voy a recortar bastante, porque parezco un ermitaño. Empiezo por el lado izquierdo, con calma; tengo tiempo. Después sigo con el derecho.

Unos golpecitos en la puerta me sobresaltan.

—¿Qué haces? ¿Estás bien? Llevas más de una hora ahí metido y me tienes preocupada.

—Qué exagerada eres. He entrado hace nada.

—¿Puedo pasar?

—Mejor que no —contesto, echando un vistazo a todo el pelo que hay en el lavabo—. No quiero que te dé un chungo.

La puerta se abre de golpe y el gesto de preocupación de Olivia se convierte en el más puro espanto en cuanto su vista se desvía de mi cara al lavabo.

—¿No te dije que era mejor que esperaras fuera?

Está tan tensa que casi puedo percibir su temblor. Traga saliva y guarda los puños en el bolsillo de la sudadera, seguramente para intentar disimular su ansiedad.

—Me imagino que…

—No te preocupes. Cuando vuelvas a entrar al baño no encontrarás ni un solo pelo, aunque busques con lupa. Ahora, sal antes de que empieces a echar espuma por la boca.

—Solo… solo he venido porque llevabas mucho tiempo aquí dentro, en silencio; temía que te hubiese pasado algo… —Sube los ojos de nuevo y me mira extrañada—. ¿Por qué te la has cortado tanto?

—No ha sido tanto. —Me vuelvo hacia el espejo y paso la mano por lo que queda de la barba; igual sí me he pasado un poco. Estaba tan absorto, dando vueltas al tema de cómo seguirá nuestra relación a partir de ahora, que no he prestado atención a lo que hacía—. Viene el verano —alego en tono jovial, para que no se note que ha sido sin querer—; si es tan larga, da demasiado calor. Para el invierno está bien…

—Da igual, me gusta. —Olivia tuerce la cabeza, como si quisiera verme desde otro prisma—. Aunque me había acostumbrado y me parece raro verte la cara tan despejada.

Me acerco a ella para abrazarla, pero retrocede un paso. Señala con el dedo el lavabo y después, mi camiseta. Sonrío y me aparto despacio, haciendo el tonto. Ella espira por la nariz con una risita y cierra la puerta rápidamente.

Hostia, ¿cómo no voy a querer repetirle, al menos un millón de veces, que me tiene loco? Solo con esa pequeña risa ha conseguido que mi corazón esté a punto de explotar en el pecho.

Me apresuro a pasar la tijera dentada para darle forma natural a la barba y limpio todo, como siempre. «Pues sí que te has pelado, macho», me digo cuando me doy cuenta de todo el pelo que tengo que recoger.

Me recojo la melena en un moño y salgo del baño. Estoy tan nervioso que no puedo dejar de retorcer las manos, y eso que tengo los brazos estirados.

Oigo la risa cristalina de Olivia; está al teléfono. Vaya, tendré que esperar un poco más para hablar con ella.

—¿Mañana? —pregunta a la persona que está al otro lado de la línea—. ¿No será muy pronto? Justo entramos en fase 0. Puedo seguir trabajando desde casa unos días más… —Silencio, risa, otra risa. Me siento en la silla frente al ordenador, lejos de ella, pero no puedo evitar mirarla cada dos segundos. En una de las ocasiones, me pilla y me guiña un ojo. Trago saliva; qué patético soy. Fijo la vista en la pantalla, pero no veo las palabras escritas en ella; en cambio oigo con claridad como Olivia se ríe de nuevo—. Martín, si lo que quieres es verme, dilo claro. Todavía es pronto para salir de casa porque sí, pero por ti podría hacer una excepción.

«Martín siempre la hace reír». «Y tú también, gilipollas. No me digas que ahora te está entrando la inseguridad». «Pues sí, pero no es algo nuevo. Con Olivia me he sentido dubitativo desde el primer día». «En esta última quincena, no, para nada». «No, estos últimos días, no, pero ahora ya empiezo otra vez». Chasqueo la lengua mentalmente. Solo me faltaba discutir conmigo mismo sin llegar a ningún punto concreto.

—Está bien, pero mañana, no. El lunes me paso por la oficina si quieres. Chao.

Cuelga y me mira. Su sonrisa es radiante.

—¿No tienes unas ganas inmensas de salir a la calle y volver a ver gente?

—Un poco sí —contesto rascándome el cogote—, aunque en esta fase todavía no vamos a poder reunirnos ni pasear ni nada de eso.

—Ya, pero al menos salir de estas cuatro paredes, y no solo para hacer la compra. Necesito ir a la peluquería, cotorrear con otras marujas como yo. Los tíos no podéis entenderlo, os va otro tipo de marcha.

—No creas que yo no tengo ganas de ver a mi hermano y a su mujer, pero me da miedo que pueda contagiarles algo.

—¿Cómo los vas a contagiar? Se supone que, una vez que han pasado los síntomas, ya no puedes transmitir el virus.

—Sí, es cierto. Aun así, no las tengo todas conmigo. Los médicos desconocen más del puto virus de lo que saben. ¿Por qué me miras con esa cara?

—¿Qué cara? —Intenta disimular la sonrisa de hace unos segundos.

—La de niña buena, que parece que no ha roto un plato en su vida.

—No te miro de esa manera.

Arqueo una ceja. A mí no va a engañarme. Mi gesto le arranca una risa aún más bonita que las que le ha regalado hace unos segundos a Martín. «¿Ves como tú también la haces reír?».

—Vale, y ahora te pitorreas. ¿Qué pasa?

—No sé, estás raro. Pero creo que hoy tienes el guapo subido. —Sus palabras me pillan tan desprevenido que no atino a responder—. Ahora no te vengas arriba por un piropo…

—No me vengo arriba; ya sé que soy guapo y que solo me quieres por mi cuerpo. —Se lo digo en broma, con tono chulesco; no le estoy echando nada en cara, ni mucho menos. Quiero seguir oyéndola reír. Ni se me ocurriría romper el buen rollo entre nosotros con algo por lo que peleamos hace más de un mes.

Olivia pone los ojos en blanco y niega con la cabeza mientras se muerde el labio inferior. Yo me endurezco de inmediato. Joder, es que hasta cuando se ríe de mí me gusta.

Me pongo en pie y me ubico a su lado en media zancada. La insto a levantarse de la silla y cierro su portátil de un manotazo antes de empujarlo hacia el centro de la mesa. Olivia alterna la mirada entre el ordenador y yo, y es precisamente por eso por lo que no me ve venir cuando la cojo de la cintura y la siento justo donde estaba el portátil hace solo unos segundos. La obligo a abrir las piernas y me sitúo entre ellas, rozando mi sexo, ya durísimo, contra el suyo para que vea cómo me ha puesto.

Inspira con fuerza al tiempo que me rodea el cuello con los brazos. 

—No entiendo que Nerea buscase otros hombres fuera cuando tenía una máquina sexual como tú en su propia casa.

Al oír el nombre de mi ex me tenso y mi erección baja de manera automática. A Olivia se le transforma la cara.

—Lo siento, lo he dicho sin pensar…

—No pasa nada. —Apoyo mi frente en la suya—. Volverá a subir, dale unos segundos.

—Yo… yo… 

Inhalo hondo varias veces, pero me ha dejado KO con la sola mención de Nerea.

Olivia tira de mí hacia sí; estamos muy cerca, pero mi calor ha descendido a tres grados bajo cero, por lo menos. No creo que esto vuelva a empinarse por ahora.

—Yo que creía que para bajarle la libido a un tío hacían falta como mínimo tres palabras —me dice al oído en tono pícaro.

—¿Sí? ¿Y cuáles serían? —pregunto antes de besarla en los labios con suavidad.

—¿Ya está dentro?

Mi risotada reverbera por todo el piso; Olivia también ríe ante mi reacción. «Y ella te hace reír a ti», señala la voz en mi cabeza. Sí, todo es perfecto. Nerea era Nerea y Olivia es Olivia; no se parecen en nada y tampoco tienen por qué comportarse igual.

—Te quiero —admito mientras me acerco a su boca de nuevo.

Bueno, después de tanto pensar en la mejor manera de confesárselo, no ha sido tan difícil. A lo mejor, un poco precipitado, pero para nada difícil. Las palabras han salido solas. Eso significa que proceden del corazón, ¿no?

Cuando nuestras lenguas se separan, Olivia no dice nada. Agacha la cabeza ligeramente, como si estuviese avergonzada. Le tomo el mentón y la obligo a mirarme. Toma una bocanada de aire al sentir el contacto de mi mano con su barbilla, pero sigue sin corresponder a mis palabras.

—No quiero que tú me lo digas a mí. —Trato de quitar un poco de solemnidad al momento y esta es la única forma que se me ocurre de hacerlo—. Lo he soltado sin pensar demasiado; se ve que necesitaba expresarlo en voz alta. Soy así de enamoradizo. —Me encojo de hombros—. ¿Qué le vamos a hacer? 

Olivia continúa abrazada a mi cuello y tuerce la boca en una sonrisa levísima. Después asiente en silencio y se refugia en mi pecho.

Pasamos así un buen rato; no tengo queja, me encantaría poder estrecharla siempre entre mis brazos. Ni siquiera echo en falta que diga nada. Estoy tan cómodo que, por primera vez en días, no me siento ansioso por saber qué piensa Olivia de esta relación nuestra ni de hasta dónde quiere que llegue.

Esto está llegando casi a su fin.

¿Qué crees que pasará con estos dos a partir de ahora?

 

Como siempre te digo: si te ha gustado, comenta, comparte y me haces súper feliz.

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11 Comentarios
  • Yani S. A
    Publicado a las 14:31h, 29 enero Responder

    Me encantan los viernes, la historia de Loren y Olivia me tiene enganchada. Pero no quiero que Loren meta la pata con una escena de celos

  • Kata
    Publicado a las 14:41h, 29 enero Responder

    Ains…. que monos los dos… no ha sido tan difícil eh!!! Yo no quiero que esto acabe… me encantan los viernes ya te lo había dicho? Gracias muñeca por darme material para disfrutar

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 18:56h, 29 enero Responder

      No te preocupes que cuando acabe esta empezará otra.
      No nos vamos a quedar sin material
      Muaaaks

  • Eva M. Florensa Chanqués
    Publicado a las 08:31h, 30 enero Responder

    ¿Cómo qué está llegando a su fin? Noooo!!! Ahora que ya me mordí las uñas no puedes poner fin… Hasta que me crezcan.
    😂😂
    Hay ese Loren. 💕🌹

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 08:42h, 30 enero Responder

      Sí, ya os dije que era una novela corta.
      No quedan mucho capítulos, de hecho, no pensaba que fuera a tener más de quince, pero ya sabes lo que pasa después…
      Un beso muy grande y gracias por comentar.
      Maria

  • silvia
    Publicado a las 22:37h, 31 enero Responder

    Joooo Maria ¿En serio estos dos no te están pidiendo más en su historia? No me lo puedo creer. Me encanta Loren y nos haces sufrir con la espera. Queremos ver como crecen y los giros que toman. Porfa replantéatelo, please, please. Queremos más de Olivia y Loren!!!!!!! Un abrazo

  • silvia
    Publicado a las 22:38h, 31 enero Responder

    Joooo Maria ¿En serio estos dos no te están pidiendo más en su historia? No me lo puedo creer. Me encanta Loren y nos haces sufrir con la espera. Queremos saber más!!!

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 23:14h, 31 enero Responder

      Jajajaja, muchas gracias!!
      No te preocupes, vendrán otros.
      Pero la historia de estos dos está a punto de dar un giro y acabar…
      Muchas gracias por comentar.
      Un beso

  • Sonia Hdez Planas
    Publicado a las 19:37h, 02 febrero Responder

    Estoy contando las horas para que llegue el viernes…. me rechifla la historia. Me tiene loquita esta pareja,
    Besotes María

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