Capítulo sE ALQUILA HABITACION EN PISO COMPARTIDO

CAPÍTULO 12

Y pienso seguir haciéndolo todo el tiempo que pueda

Olivia

Madrid, 19 de abril de 2020

«Estoy muerta de calor y sudando como un pollo. Creo que me voy a asar».

Me despierto sofocada. Abro los ojos, pero aún es de noche, así que no veo nada. Un peso en mi cintura me indica que no duermo sola. Durante una milésima de segundo, mi cerebro lucha por acordarse de a quién traje anoche a casa… Hasta que la luz se abre camino en mi abotargada mente. «No trajiste a nadie; ni siquiera saliste de casa, como anteayer y como el día anterior a ese. Estás con Loren en la cama, de donde apenas habéis salido en cinco días». Esbozo una sonrisa satisfecha.

¡Vaya cinco días! Dios, han sido de escándalo. Yo, que pensaba que el encierro obligado haría que nos sintiéramos cohibidos o violentos… Pues no, para nada. Creo que no me había sentido tan liberada en mi vida.

Todo lo que al principio de la convivencia con Loren me parecía incómodo o detestable ha desaparecido como por arte de magia. Si he de ser sincera, ya había sucedido antes de que nos acostáramos por primera vez, pero es que ahora ¡me paseo desnuda por el piso todo el día! ¿Quién me iba a decir a mí que me convertiría en naturista a estas alturas?

Me muevo despacio para no despertarlo; me han entrado unas ganas terribles de ir al lavabo. Cuando aparto su mano de mi cintura, se revuelve y tira de mí para pegarme todavía más a él, si es que es posible.

Sonrío al notar su erección en mi espalda. Es una máquina del sexo, nunca se cansa y, encima, no hay que esperar mucho para que se recupere: enseguida está dispuesto para el siguiente.

—Necesito ir al baño —susurro bajito, para que no se despeje y pueda seguir durmiendo.

—¿Con el frío que hace? —murmura en mi oído, pero me suelta para que pueda salir de la cama.

Voy al lavabo prácticamente dando saltitos de alegría por el pasillo. No sé si en algún momento me cansaré de esto; ahora mismo me limito a disfrutar de la situación, y pienso seguir haciéndolo todo el tiempo que pueda.

En cuanto vuelvo a meterme entre las sábanas, Loren me aprieta contra él.

—¿Ves lo que te decía? Estás helada: tienes el culo como un témpano de hielo. Creo que tendré que calentártelo para que puedas dormir otra vez. —Me muerde el lóbulo de la oreja y a mí se me eriza la piel de todo el cuerpo; incluso se me tensan los dedos de los pies por la anticipación.

—Ah, ¿sí? ¿Tú crees que necesito que me calientes para pillar el sueño?

—Ajá —exclama atacando el cuello.

—Pues yo creo que estás buscando una excusa para echar un polvo a las cinco de la mañana. —Acerco mi trasero a su más que evidente erección y me contoneo, incitándolo como él hace conmigo. Noto su sonrisa en mi piel al mismo tiempo que se apretuja más contra mí.

—¿Excusas? No he necesitado ninguna estos días, y dudo mucho que me haga falta buscar una ahora.

—Anda que no te gusta ir de sobrado. —La respiración se me entrecorta y su sonrisa se ensancha de nuevo. Lo dicho: anda que no le gusta fardar.

Coloca ambas manos en mi cintura y tira de mí, de manera que mi culo queda ligeramente en pompa; él aprovecha para encajar su miembro entre mis piernas, tan duro que la excitación que habían causado sus besos en mi oído se triplica. Ahora soy yo la que se frota contra él, de adelante hacia atrás. Loren me acompaña en la cadencia y el calor se propaga por mi cuerpo desde ese punto hasta las raíces del cabello.

Cada vez que su glande roza el mío, se nos escapa el aire de los pulmones a los dos. Incrementamos la velocidad de los movimientos.

De repente, Loren frena. Se inclina para buscar un preservativo y se lo pone.

—Si lo hacemos en esta postura, no tengo muy claro que pueda llegar —le digo, con la voz agitada.

—Cuando quieras cambiamos de posición —contesta, otra vez muy cerca de mí—. Ya sabes que no me importa dónde me sitúes siempre que me regales tus orgasmos.

Su aliento en la oreja me estremece. Alzo un poco más el trasero para darle mejor acceso y Loren se introduce muy despacio en mí. Lo oigo gemir a mi espalda mientras va invadiendo mi sexo de forma lenta pero inexorable.

Desplaza la mano desde mi cintura hasta mi entrepierna y empieza a rozarme el clítoris, primero de forma delicada, después con más intensidad. Lo pellizca, lo estira y le da toquecitos que me saben a gloria mientras sigue penetrándome desde atrás, cada vez con más fuerza.

No puedo pensar en nada más que en su piel en contacto con la mía y sus dedos torturándome de manera tan deliciosa. Cuando el calor trepa por mis piernas y arrasa con todo, dejo de pensar en mi dificultad para alcanzar el orgasmo en esta postura. Empujo hacia atrás con cada embestida de Loren, apremiándolo, pidiéndole más en silencio. Quiero fundirme con él, prolongar una eternidad los segundos previos al orgasmo, porque cuando más disfruto es cuando me doy cuenta de que estoy a punto de correrme y que nada va a detener ese placer.

Entonces, Loren da un tirón un poco más enérgico que los anteriores a mi pequeño botón y yo exploto. Mi cuerpo convulsiona de placer, una oleada tras otra, robándome la respiración y las fuerzas.

Él aprovecha para introducirse en mí hasta el fondo con un golpe de cadera. Su liberación desencadena mi segundo orgasmo, y más espasmos se apoderan de mi cuerpo.

Despierto cuando la luz que se filtra entre los visillos me da de pleno en la cara. La presencia de Loren a mi espalda me retrotrae a la madrugada y sonrío satisfecha. ¿Se puede estar más a gusto?

—¿Ya te has despertado? —lo oigo murmurar, con la voz aún tomada por el sueño.

—¿Cómo lo notas?

—Porque empiezas a moverte igual que si la cama estuviera llena de pulgas.

—No es verdad, no he tensado ni una sola fibra de músculo para no molestarte.

Loren refunfuña detrás de mí.

—Eso es lo que tú piensas. Pero en cuanto te despiertas, tu cuerpecito se pone en movimiento.

Me vuelvo para quedar de cara a él. Le doy un beso suave en los labios, lo que hace que se aleje de mí.

—Aún no me he lavado los dientes —se disculpa.

—Eso no te ha importado mucho esta madrugada.

Me mira con un solo ojo abierto.

—Creo que no te he besado en la boca ni una sola vez…

—Razón de más para que lo hagas ahora —exijo, acercándome a él.

—¡Quieta, fiera!

Huye de la cama como alma que lleva el diablo y se dirige a la puerta tal y como vino al mundo. Está fuerte, pero no de la manera en que lo están los asiduos al gimnasio, sino que es su complexión natural; que le vino de serie, vamos. No me canso de contemplarlo en su desnudez: el vello que le recubre el pecho es fino y muy negro; se difumina a la altura de las costillas para reaparecer en el ombligo, en una línea que aumenta hasta cubrir su sexo.

Me muerdo el labio inferior. Podría empezar otra vez ahora mismo. ¡Joder, qué bueno está! Me lo comería de la cabeza a los pies. Suspiro mientras retiro el edredón para seguirlo al baño.

Delante del lavabo, con el cepillo en la boca, le propino un golpe de cadera para que me deje espacio. No puedo ni enjuagarme los dientes como es debido.

Loren me mira desde su altura y me devuelve el empujón.

—Quita, que tengo que escupir —lo amenazo.

Se ubica detrás de mí y se acerca tanto que, cuando me agacho para coger agua con la mano, su erección se estampa de nuevo contra mi trasero.

—¿Qué quieres hacer hoy?

—¿Estás sugiriendo algo? —pregunto en cuanto escupo el agua.

La risa de Loren retumba en todo el baño y vibra en mi piel. Le paso los brazos alrededor del cuello.

—Debería poner el ordenador en marcha un rato. Tal vez Martín ha decidido despedirme después de tantos días sin saber de mí.

Loren se envara y contesta con el ceño fruncido:

—Te llama cada dos por tres. No creo que tenga motivos para pensar que has desaparecido.

Algo en su voz suena duro, aunque intente disimularlo. Yo no sé si sentirme ofendida o halagada. No tiene por qué estar pendiente de quién me llama o deja de llamarme, no somos pareja ni nada por el estilo, ¿no?

«No, definitivamente, no. Lo que pasa es que estar enclaustrados en el piso, solos, hace que todo parezca más intenso. Pero nadie ha hablado de que esto vaya más allá de lo físico», me recuerdo.

—Además, tampoco es que hayamos estado sin hacer nada —prosigue—. Yo he trabajado mis ocho horas diarias desde que nos recuperamos de la dichosa covid, y si no me equivoco, tú también.

—Bueno, sí, es verdad —admito. El tono de la conversación ha cambiado y no me gusta, así que busco una réplica ingeniosa.

—Lo diré de otra manera, si quieres. —Loren se me adelanta. Posa sus manos en mi cintura y me besa primero en la nariz, después en la boca. «¿Esto es muy íntimo o solo me lo parece a mí?»—. ¿Qué te apetece que hagamos después de trabajar?

No deseo ahondar en los sentimientos que nuestra breve conversación ha removido en mí. Quizá sí nos estamos comportando de forma un tanto intensa, pero supongo que es normal. El encierro nos ha llevado a eso; por otra parte, no me disgusta el punto en el que estamos Loren y yo.

—Podemos hacer lo que quieras. —Dibujo una gran sonrisa.

—¿Con ropa?

Tengo que reír, no me queda más remedio.

—Con ropa, sin ella, solo bajándola hasta los tobillos… —Empiezo a besarlo sin tregua.

—¡Hum! —El pobre no puede decir nada más. Cuando nos separamos, comenta—: Se te ocurren unas ideas buenísimas.

—Siempre podemos hacer manualidades, si lo prefieres.

—Creía que lo de las «ideas buenísimas» dejaba bastante claro que el plan inicial me parecía perfecto.

Me río; es lo que más hago últimamente. Mientras, noto como Loren va creciendo contra mi vientre. Vaya, parece que la tormenta ha amainado y que hoy, de nuevo, vamos a encender los portátiles más tarde de lo habitual.

La semana que viene sabremos qué piensa Loren de todo esto y cómo lo lleva él.

¿No tienes intríngulis? Pues deberías…

 

Como siempre te digo: si te ha gustado, comenta, comparte y me haces súper feliz.

AQUÍ TE DEJO EL ENLACE AL CAPÍTULO 13:

Capítulo 13
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2 Comentarios
  • Kata
    Publicado a las 13:24h, 22 enero Responder

    Que desayuno más movido todo me has dado 😂… buen inicio de viernes para mi gracias a tí… sigue así muñeca ya me dejas con la intriga de como lleva esta relación el guapo de Loren…

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 14:19h, 22 enero Responder

      Está bien eso de alegrarte el desayuno, me gusta.
      Me alegro de que te quedes con la intriga, esa es la idea.
      Un beso muy grande, Kata, gracias por comentar.
      Maria

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