Capítulo sE ALQUILA HABITACION EN PISO COMPARTIDO

CAPÍTULO 11

¡PERO QUÉ GILIPOLLAS ERES!

Loren

 

Madrid, 14 de abril de 2020

En cuanto entro en el baño y cierro la puerta tras de mí me olvido de lo que había venido a hacer. Apoyo la frente en la pared para ver si el frío de los azulejos me devuelve un poco de cordura.

No puedo más, cada instante que pasa se me hace más insoportable no besarla. «¡Pero qué gilipollas eres, Loren!», me digo mientras sigo pegado a la pared. «Ve a por ella y ya está, ¿qué es lo peor que puede pasar? Porque lo mejor ya lo acabas de imaginar y no pintaba nada mal».

Eso es lo único que hago: soñar despierto. Desde el otro día en el sofá no he podido dejar de hacerlo. No hace ni diez segundos me he visto a mí mismo empotrando a Olivia contra la pared y besándola, pero a la hora de llevar mis fantasías a la práctica, algo me frena.

Nunca me había pasado algo así. Vale que no soy un tío superligón, pero lo de interpretar miradas e insinuaciones no se me había dado mal del todo, hasta ahora. Si sospechaba que podía interesarle a una chica, no titubeaba: iba directo al grano. La intuición siempre me ha acompañado. ¿Por qué ahora no?

Esta inseguridad me está matando, tengo que hacer algo. No entiendo que Olivia no se haya quemado con el calor que desprendía mi cuerpo cuando ha pasado tan cerca de mí. Si no llego a echar el culo hacia atrás, incluso se hubiera dado cuenta de lo mucho que me alegraba de verla.

«¡Basta!», grito en mi cabeza, y con el pensamiento aún resonando en mi mente, abro la puerta.

Olivia está de espaldas a mí, de camino a su habitación. Desde que estuvimos a punto de besarnos parece que me rehúye, pero esto se acaba aquí y ahora. ¡O burro o barro! No quiero padecer más el suspense de no saber qué habría pasado si nos hubiéramos dejado llevar.

En dos zancadas me pongo a su lado y coloco una mano en su hombro. Se estremece en cuanto mi piel entra en contacto con la suya a través de la fina camiseta de algodón que lleva puesta. Retiro la mano de golpe, pensando que quizá le he hecho daño.

Olivia se gira con lentitud. Tiene los ojos llenos de lágrimas; no se han derramado aún, pero parecen a punto de hacerlo. Mi corazón empieza a doler de una forma muy diferente. ¿Qué ha pasado?

—¿Estás bien?

Olivia traga saliva mientras niega con la cabeza.

—¿Te duele algo?, ¿quieres que llame al médico?

Me mira y exhala una ligera bocanada de aire en una risa sarcástica muy silenciosa.

La primera lágrima rueda por su mejilla y ya no puedo contenerme más. Le tomo la barbilla con la mano mientras con el pulgar arrastro la salada gota para eliminarla. No habrá nada ni nadie que la lastime si yo puedo evitarlo.

—¿Qué sucede, Olivia? Cuéntamelo.

—No sé. —Eleva los hombros apenas—. Todavía debo de estar débil, porque me pongo a llorar por cualquier tontería.

La abrazo y la estrecho contra mí todo lo que puedo. Es tan menuda que yo parezco un oso torpe a su lado.

Al cabo de unos segundos me rodea la cintura con los brazos y levanta la vista para mirarme. Vuelve a negar con la cabeza, muy despacio, mientras pasea la punta de la lengua por su labio inferior y después se lo muerde. Entonces pierdo el control.

Mis labios se precipitan en busca de los suyos. Tengo que besarla o las ganas mismas van a acabar conmigo.

En cuanto nuestras bocas entran en contacto, dudo de nuevo, porque ella no participa, solo se deja besar.

He metido la pata. Ya está: ha pasado lo peor que podía pasar.

Me retiro despacio. Aflojo mi abrazo; no es cuestión de seguir unido a la chica cuando esta te ha dado calabazas, o eso creo. Es la primera vez que me pasa.

Antes de que me dé cuenta, Olivia ha dejado de rodearme la cintura y un frío intenso se instala en mi pecho, hasta que sus pequeñas manos estrujan mi camiseta y tira de mí hacia su boca de nuevo.

Durante unos segundos intercambiamos los papeles: yo solo me dejo hacer. Todavía no entiendo bien qué sucede. «Vamos, idiota, vuelve en ti. Haz algo más que quedarte ahí como un pasmarote», grita mi conciencia.

Noto el vértigo en el estómago: es alegría y, al mismo tiempo, excitación. Está pasando, lo que llevaba deseando desde hace días, ¡al fin está pasando!

Vuelvo a rodearla con los brazos, pero el gesto no tiene nada de fraternal. Mis manos van directas a sus nalgas y la empujo hacia mí.

El corazón me late a más de mil por hora, y parece que esa era la señal que esperaba mi lengua para atacar con fiereza la boca de Olivia, que se abre, dejándome paso. Mi caída al vacío gana velocidad y me vuelvo loco de gusto.

Llevo mis manos a sus muslos y tiro de Olivia hacia arriba. Me rodea la cintura de nuevo, pero esta vez no son sus brazos los que me atrapan. La recuesto contra la pared, como imaginé hace solo unos minutos, y presiono mi entrepierna contra la suya para que note mi calor y lo dura que se me ha puesto.

Olivia echa la cabeza atrás y gime. Si yo fuera un vampiro, ahora mismo sería el momento de chuparle la sangre, pero me conformo con besarle el cuello y darle mordiscos inofensivos que la hacen estremecer, igual que a mí.

Clava su mirada en la mía.

—Loren —pronuncia antes de suspirar de nuevo—, si sigues frotándote así me voy a correr con la ropa puesta.

Oír esas palabras me excita tanto que recrudezco mis envites, haciendo que su cuerpo suba y baje más deprisa. Sus gemidos aumentan de volumen, pero no me basta: me ha retado, y no hay nada que me guste más que ganar un buen desafío.

La aprisiono más y más entre la pared y mi cuerpo, aunque ella no se queda atrás: la fuerza con que sus piernas enlazan mi cintura se incrementa con cada uno de sus jadeos.

—No pares ahora, no pares ahora —grita un segundo antes de temblar de la cabeza a los pies.

Tensa las piernas y me ciñe tan fuerte como si estuviera dentro de ella y no solo frotándonos como unos quinceañeros salidos. Un «¡¡sí!!», que habrán oído desde el rellano, sale de su garganta mientras se corre, y yo me siento poderoso.

Tras unos momentos deliciosos, que me han enardecido como no me había sucedido en años, su cuerpo languidece entre mis brazos.

—Yo creía que eso del petting era un mito —susurra cerca de mi boca, con los párpados aún medio cerrados.

Le guiño un ojo y busco sus labios. Esta vez el beso es dulce, suave, como debió haber sido el primero, que se nos ha ido de las manos.

—Por lo que veo, mi misión en la vida consiste en desbancar tus mitos y prejuicios.

Olivia se ríe de esa manera que consigue que mi alma vibre como un diapasón. Vuelvo a besarla.

—Llevo cuatro días deseando que esto pasara —musito en su oído mientras la dejo en el suelo. Sigue entre la pared y yo; si pudiera haber un centímetro más de mi cuerpo en contacto con ella, lo tendría.

—¿Pretendías que tuviera un orgasmo sin siquiera quitarme la ropa y has tardado cuatro días en decidirte?

—Bueno, eso ha sido un bonus. —Sonrío con suficiencia—. Quería comerte a besos desde que dejé escapar la oportunidad.

—Yo también. —Mis entrañas dan un vuelco—. Pero…

—Nada de peros, odio los peros. —Espero no haber sonado demasiado desesperado.

Olivia vuelve a reír.

—¿No crees que vamos a complicarnos un poco la vida?

—¿Porque pasamos muchas horas aquí solos?

Asiente y baja la vista al suelo.

—Bueno, se me ocurren un millón de posturas en las que tenerte, y mientras tanto el tiempo, por mí, puede detenerse del todo si quiere.

—Posturas, ¿eh?

—¡Ajá! —Mi boca le recuerda con una leve presión que ella se ha liberado, pero que yo sigo teniendo una idea muy clara, tanto en la cabeza de arriba como en la de abajo, de en qué invertir el tiempo que vamos a pasar juntos.

Olivia sonríe pícara, me coge de la mano y me insta a caminar hacia su habitación, pero planto los pies en el suelo.

Cuando me mira interrogante, me explico:

—Me gustaría saber qué te ha hecho llorar antes.

—¿No lo sabes?

—No, no tengo ni idea. ¿He hecho algo mal?

Se acurruca contra mí y sus palabras me golpean como un mazo:

—No me has besado. Te has metido en el baño y te has apresurado a cerrar la puerta. Creí que te habías dado cuenta de lo desesperada que estaba y que habías decidido poner distancia…

Va a decir algo más, pero no se lo permito. Mis labios cubren los suyos, que son dulces y picantes. Atrayentes como el mar.

Nuestros cuerpos se entremezclan; no sé dónde termina mi mano y empiezan sus muslos. La alzo una vez más. Me vuelven loco sus piernas en torno a mi cintura; acabo de descubrir una de las cosas que más me excitan y no pienso obviarla. Entro en su habitación sin reparar en los trastos que tiro al suelo y la dejo encima de la cama para tumbarme sobre ella a continuación.

—A partir de ahora, será obligatorio que me beses, o que yo te bese a ti, delante de la puerta del baño —deposito un beso suave en su nariz—, de la cocina —otro en la sien—, del salón —esta vez le beso los ojos— o de cualquier puerta en la que tú estés de pie y yo, a tu lado.

Atrapo sus labios entre los míos y dejo que su lengua se adentre en mi boca; tiemblo, y ella también lo hace.

No puedo dejar de mover mis caderas contra las suyas, igual que si un imán tirara de mí.

Ella alcanza la cinturilla de mi pantalón y desabrocha los botones uno a uno; se apaña como puede, dada la nula distancia entre nuestros cuerpos. Cuando los ha soltado todos, introduce una mano y empieza a masajear mi verga por encima de los calzoncillos.

Estoy tan excitado que creo que yo también voy a correrme sin necesidad de quitarme la ropa. Aprieto los dientes y entierro mi cara en la curva de su cuello.

—Si no paras, esto se va a acabar muy rápido. No puedes hacerte una idea de cómo me ha puesto antes ese orgasmo tuyo —bisbiseo sobre su piel.

—Quiero que se acabe ya y empezar de cero en igualdad de condiciones.

El ritmo de su mano sobre mi miembro endurecido se acelera, y yo comienzo a empujar contra ella sin poder —ni querer— evitarlo.

—Ya está aquí —grito contra su hombro—. Ya está aquí —repito mientras una oleada de placer tras otra me invade.

Pues nada, ya sabes, la semana que viene más.

Lo del viernes que viene es… No te diré ni una palabra.

Te toca esperar.

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7 Comentarios
  • silvia
    Publicado a las 11:17h, 16 enero Responder

    !Ya era hora! Por fin estos dos se han puesto de acuerdo…. espero que no les hagas sufrir mucho por dios María, que me encantan los finales felices jejejej. Super chula como siempre la novela por capítulos. Un abrazo

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 14:38h, 16 enero Responder

      Muchas gracias, Silvia.
      Nooo, tendrán una temporada buena, eso es lo que pasa siempre, no??
      Jajajajajaja
      Besos y gracias por comentar.

  • Elizabeth Calvo Corbacho
    Publicado a las 18:44h, 16 enero Responder

    Sí sí sí!!! Por fin!!!
    Que ganas tenía de que pasara esto ya!!!
    Precioso capítulo
    A esperar una semana más, pero esta vez
    con un dulce sabor de boca.
    Gracias por esta preciosa historia

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 19:23h, 16 enero Responder

      Muchísimas gracias!
      Me alegro mucho de que te haya gustado.
      La semana que viene, más!!

  • Sonia Hdez Planas
    Publicado a las 14:13h, 25 enero Responder

    OHHHH me tienen enamorada. La historia es preciosa, sabes como sacar lo más bonito de los sentimientos de tus personajes, y luego como darles esa gran alegría 😍😍. Gracias María

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 16:50h, 25 enero Responder

      No, muchas gracias a ti por estas palabras.
      Es lo que me anima a continuar los días que estoy como hoy que todo lo que escribo me parece penoso.
      Un beso enorme.
      Maria

  • Sonia Hdez Planas
    Publicado a las 16:40h, 02 febrero Responder

    Estoy releyendo tu historia, porque se me hace muy largo esperar hasta el viernes.
    Nada de lo que escribes es penoso, pero te concedemos el que tengas un día en el que nada te cuadre.
    Un besazo,
    Sonia

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