Capítulo sE ALQUILA HABITACION EN PISO COMPARTIDO

CAPÍTULO 10

¿QUÉ VA A PASAR AHORA?

Olivia

 

Madrid, 14 de abril de 2020

—¿Que estuvisteis a punto de qué?

—De besarnos —susurro al teléfono. Loren está en la sala y ha puesto música, y yo tengo cerrada la puerta de la habitación. Es casi imposible que me oiga, pero por si acaso.

—No te he entendido bien, repítelo, por favor. —Conchi es una asquerosa, noto la risa en sus palabras. Se está conteniendo para después poder gritar aquello de «te lo dije» a pleno pulmón.

—Me has entendido perfectamente, no pienso repetirlo, y antes de que digas ni media palabra —la interrumpo cuando siento que toma aire con fuerza—, tú tenías razón. Me encanta. Me lo comería de la cabeza a los pies, pero no puede ser. Somos compañeros de piso; después la situación se volvería muy incómoda.

—¡Alberto, Alberto! —la escucho gritar como una loca—, que dice Olivia que tengo razón. ¿Te lo puedes creer? Debe de ser la primera vez desde que la conozco. Abre el cava, anda, que hoy hay mucho que celebrar.

—¡Serás idiota! ¿A que cuelgo y no te vuelvo a llamar nunca más?

—¿Quieres decir jamás de los jamases?

Pulso el botón rojo, me quito los auriculares y los tiro sobre la cama con rabia. No sé por qué lo hago: en menos de treinta segundos, el teléfono suena, y tanto Conchi como yo sabemos que cogeré la llamada. Soy tonta.

—Eres idiota —le digo mientras me coloco de nuevo el auricular en la oreja.

—Pero me quieres un montón. —Su risa cristalina de sabionda me hace negar con la cabeza.

—Es lo que te salva, que te quiero, porque si no ya te habría mandado a cagar a la playa un millón de veces.

—Y lo has hecho, pero como no me tomo en serio ni la mitad de las tonterías que dices, todavía no he ido.

No me queda más remedio que sonreír. Por algo Conchi es mi mejor amiga: a veces me conoce mejor que yo misma.

—Venga, cuéntame lo del beso, que nos estamos yendo de tema y yo me he quedado con la intriga. Eso no me sienta bien, y lo sabes.

—No pasó nada. —Enrojezco y el corazón me late más rápido de lo normal al recordarlo—. Estábamos jugando en el sofá y me agarró por las muñecas, nuestras caras quedaron muy cerca y… Bueno, ya sabes, una capta cuándo está a punto de besarse con alguien, ¿o es que ya no te acuerdas de cómo era?

—Me acuerdo de maravilla, pánfila, y de cómo se te encoge el estómago y te quedas sin aire también.

Yo no podría haberlo descrito con mejores palabras: así fue exactamente como me sentí. El vértigo que te despega de la tierra, y empiezas a levitar a la espera del primer contacto, el más dulce, el más tierno. Me muerdo el labio al imaginar por millonésima vez cómo hubiese sido nuestro beso. Sacudo la cabeza para sacarme la idea de su interior.

—Pero no puede ser —insisto en el micrófono de los cascos, para que Conchi me escuche bien—. Vivimos juntos, y nos quedan semanas sin poder salir del piso; si el asunto no funciona…

—¿Y ahora quién se está comportando como una verdadera idiota? No me digas que le hiciste la cobra, porque me salto el confinamiento, voy a tu casa y te doy dos hostias con la mano abierta.

—No hizo falta. Martín llamó y descolgué el teléfono.

—¿Qué?

—Tú no lo quieres entender…

—Lo entiendo perfectamente, de hecho te voy a hacer un resumen: un chico, que es ideal para ti, porque por algo lo elegí yo, está a punto de besarte; a ti se te pone el corazón a mil por la emoción, y el gilipollas de tu jefe, que solo quiere un revolcón y ponerle los cuernos a su novia, te llama e interrumpes el momento para coger el teléfono. ¿Qué parte crees que no he entendido?

—Vivimos juntos, Conchi, vivimos juntos. Esto puede salir muy mal.

—O, por el contrario, puede salir de vicio. Lo que es seguro es que si no lo intentas, no lo vas a saber. No puedes pasarte la vida pensando en no empezar una relación porque puede no salir bien.

—¿Cuándo, en mi vida, han salido las cosas como yo quería? ¿Me lo puedes decir? Porque tú lo sabes tan bien como yo. No tengo tu suerte.

—Joder, como si yo no hubiese tenido novios antes de Alberto. Y encima los has conocido y has tratado con casi todos ellos. No me jorobes, lo de encontrar una joya a la primera solo pasa en las pelis románticas.

—Bueno, ahora ya da igual, porque desde entonces la situación ha sido algo tensa. Se ve que él también se ha dado cuenta del error.

—¿Pero qué error ni qué error? Olivia, hablé con él a diario durante el tiempo que estuviste enferma, aparte de que seguimos intercambiando mensajes de WhatsApp casi todos los días. Ese chico es un amor y se preocupa por ti; estoy segura de que le gustas tanto como él a ti.

—¿Os comunicáis por WhatsApp? —Frunzo el ceño ante lo raro que suena—. ¿Por qué tienes su número?

—¿Eso es lo único que has oído de todo lo que he dicho?

—Contesta a mi pregunta. —Claro que he oído el resto, pero no quiero creérmelo; sería demasiado bonito, demasiado fácil, y es algo a lo que no estoy acostumbrada. Mejor no me hago ilusiones.

—Porque me lo dio cuando tú estabas casi en coma —contesta con desgana—. Era un rollo llamar al tuyo y que él no respondiera por no violar tu intimidad.

Sonrío al imaginarme el cuadro, incluso veo a Conchi gritándole a Loren para que la informara de mi estado al minuto. Joder, me hago a la idea de lo mucho que debió de agobiar al pobre hombre.

—Eres una harpía. Anda que no te gusta controlarlo todo —la acuso, aunque ambas sepamos que se lo digo de cachondeo.

—Más o menos como tú. Por algo nos hicimos tan amigas desde el principio. —Se instalan unos segundos de silencio agradable entre nosotras. No puedo dejar de pensar en cuánto la echo de menos; hablar por teléfono hace que parezca que está aquí mismo, a mi lado, pero en realidad no es así y me falta su contacto. Necesito que me abrace, que me dé la mano como hace siempre que chismeamos sentadas en la cama—. Olivia, en serio, no seas tan racional. Déjate llevar un poco. Arriesga por una vez y no planees el próximo paso. Sé espontánea. Mira lo bien que nos vino a nosotras dos que lo fueras cuando nos conocimos.

—Pero contigo fue instantáneo, con Loren…

—Olivia —dice con fastidio—, tuvisteis un mal inicio porque eres una prejuiciosa, en eso el chico va sobrado de razón. Pero desde que has dejado de verlo como un zarrapastroso…

—No lo veía así, estáis equivocados, yo…

—Claro que lo veías así. Sin embargo, ya no lo haces, y a la próxima seguramente intentarás no prejuzgar tanto, aunque lo seguirás haciendo; está demasiado arraigado en ti. Tienes un millón de virtudes, pero sabes que esa no es una de ellas.

—Vale, vale, deja de darme el sermón, que ya me lo sé. —Tras dudarlo unos segundos, añado—: Oye, y él, ¿te ha comentado algo?

—Nop, no es que seamos tan amigos. Además, ¿qué me iba a decir? —De repente inhala con fuerza y continúa—: ¡Ostris! Ahora que me acuerdo… Ayer me preguntó si conocía a un tal Martín.

—¿Qué? —exclamo fuera de mí, con el corazón a punto de estallar—. Y ¿hasta ahora no se te ha ocurrido contármelo?

—Joder, no le di importancia, y tú tampoco te habías dignado a contarme nada. Además, cuando le comenté que era tu jefe, solo insinuó que el tío te estaba sobrecargando de trabajo. No pensé que pudiera estar celoso. ¡Aish! Será eso: está celoso, está celoso —canturrea—. Jolines, ojalá pudiera veros por un agujerito; seguro que el piso parece el set de una comedia romántica. Quiero ver esa peli, quiero, quiero…

—No sé cómo te aguanta Alberto, te lo juro.

—Porque me quiere. ¿Cómo si no podríamos soportar nuestras respectivas rarezas?

Sonrío como una boba mientras Conchi desgrana su filosofía de andar por casa. ¿Podría ser que Loren estuviese celoso de Martín, como asegura ella?

Noto el mismo pellizco en el pecho que cuando la mirada de Loren encuentra la mía y la sostiene durante unos segundos, hasta que los dos la bajamos de golpe, como si nos avergonzara hacer algo que no debemos. ¿Me habré enamorado?

Puede ser que Conchi tenga razón en lo de que soy demasiado racional. Sé que tendría que dejarme llevar, pero ¿y si seguimos encerrados meses? ¿Qué pasaría si lo intentáramos y saliera mal? El piso es demasiado pequeño, estamos todo el tiempo juntos; sería una situación insoportable. Mi emoción se desinfla un poco y me desilusiono por momentos.

—¿Me estás escuchando? —La voz de Conchi casi me atraviesa el tímpano.

—Pues hace un rato que no, la verdad.

Conchi reniega desde la otra punta de Madrid, pero es como si la tuviera delante de mí ahora mismo y me entra la risa.

—Te decía que Alberto cree que tienes que entrar en acción ya de ya. Que, si lo vuestro no es amor, siempre recibirás una alegría para el cuerpo hasta que nos dejen salir y relacionarnos. Cuando se pone así de pragmático, quien no lo soporta soy yo, pero en el fondo lleva razón. Venga, Olivia, al ataque, que tienes a ese hombre en el bote.

Después de eso no queda mucho por decir, así que nos despedimos y voy al baño a mirarme en el espejo. No estoy fatal, pero he tenido momentos mejores. Me aplico un poco de maquillaje y me pinto los párpados. «¡Así está mejor!», me animo. Tampoco quiero parecer una puerta.

En cuanto pongo la mano en el pomo para salir, el pum pum sordo de mi corazón se convierte en un solo de batería. Hasta me cuesta tragar. Inspiro varias veces.

No tengo ni idea de qué decirle a Loren. Debería surgir de forma natural, como el otro día en el sofá; forzar la situación no servirá de nada. Si, como ya empiezo a intuir, Loren también se arrepiente de haber estado a punto de besarme, voy a quedar en ridículo cuando me abalance sobre él sin ton ni son.

El pomo se mueve bajo mi mano y lo suelto como si quemara. Loren aparece al otro lado del umbral y yo tengo que tragar saliva.

—Per… perdona, pensaba que estabas en tu habitación. No creí que el baño estuviera ocupado. Yo…

—No… no te preocupes, ya he terminado. Entra tú.

Nuestros cuerpos se rozan cuando paso junto a él. Levanto la cabeza y mis ojos se clavan en los suyos; nos sostenemos la mirada. Me he quedado sin palabras. Loren tampoco parece tener mucho que decir. Casi sin ser consciente de ello, bajo la vista a sus labios, que tiene entreabiertos. Vuelvo a tragar saliva, esta vez con más ímpetu.

—Esto… —dice justo después de interrumpir el contacto visual conmigo, pero no concluye la frase, sino que entra en el lavabo y cierra tras él.

Dios, ¡qué desastre! «¿Qué esperabas? —me pregunto—. ¿Pasión desenfrenada en la puerta del baño?». He quedado como una gilipollas, mirándolo como si quisiera comérmelo con los ojos. Habré dado la apariencia de lo que soy: una patética que se ha enamorado. Primero te odio y después te adoro. Menudo topicazo. Me entran ganas de llorar; un sentimiento de vacío me invade y me deja para el arrastre.

Voy camino de mi habitación, con la cabeza gacha, cuando la puerta del baño se abre de nuevo. Me detengo durante un milisegundo, pero no me giro; se me han llenado los ojos de lágrimas y no quiero que Loren las vea, me sobra con el ridículo que he hecho hace medio segundo.

Mejor así. Tener un rollo con él supondría demasiado lío. Más vale seguir como hasta ahora. Solo amigos.

¿Ves cómo al final han vuelto?

La espera no ha sido para tanto, ¿verdad?

Pues nada, la semana que viene más.

A ver por dónde nos saldrán el viernes. ¿No estás intrigada?

Como siempre te digo: si te ha gustado, comenta, comparte y me haces súper feliz.

Aquí abajo te dejo el capítulo siguiente:

Capítulo 11
Capítulo 11
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8 Comentarios
  • Kata
    Publicado a las 22:46h, 08 enero Responder

    Nooooooo…. tu planeas dejarme en ascuas hasta dentro de 190 horas mas app… que niña eso no se hace …. llorare todo el fin de semana por que me dejaste a mitad de la nada …. me siento abandonada … jajajaja …. mentira me alegro mucho de que hayas vuelto y por ende lo hayan hecho estos niños lindos que me alegran los viernes …. un abrazote mi bella Maria

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 12:13h, 09 enero Responder

      Una semana pasa en nada y si no, ya lo verás.
      Además, el próximo capítulo es… No voy a decir nada más.
      Un besote!!

  • MARGALIDA CANTÓ
    Publicado a las 00:34h, 09 enero Responder

    Ja enyorava la història de cada divendres!
    Bon any!!!

  • Isabel Lozano Lagostera
    Publicado a las 00:04h, 11 enero Responder

    Estoy un poco desconectada de todo últimamente, y desde que vi lo de la novela por entregas ni me plantee leerla hasta que no terminaras de escribirla, porque con tus libros siempre me pasa, empiezo y no puedo parar de leer. Pero me decidí y ahora estoy en ascuas 😃. Me encanta, se me va a hacer larga la semana. Enhorabuena. 😘

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 07:21h, 11 enero Responder

      Ya verás como no se hace tan larga.
      En un plis ya estamos a viernes otra vez.
      Un beso muy grande.
      Maria

  • Eva M. Florensa Chanqués
    Publicado a las 08:02h, 30 enero Responder

    Oixxx!!! Lo que he sufrido por no poder leerte… Peeeerooo mira tu por donde que ahora puedo seguir y no quedarme con cara de moco de pavo. 💃💃💃
    Me encanta!! 💕🌹

    • Maria Ferrer Payeras
      Publicado a las 08:41h, 30 enero Responder

      Por qué no podías leer??
      Bueno, a lo mejor me estoy metiendo donde no me importa.😜😜😜
      Espero que disfrutes de los capítulos que quedan
      Un beso muy fuerte y muchas gracias por comentar.
      Maria

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